MamboRock Posts

20 febrero, 2018 / Poesía
16 febrero, 2018 / cuento

—A mitad de la guerra comíamos porquerías peores. Tan siquiera este desayuno tiene un trabajo de elaboración que te hace admitirlo como comida —Rick levantó la cabeza al compás de las palabras.
—¿Mataste a muchos?
—Es el problema de la guerra moderna: nunca sabes. Solo aprietas un botón y todo desaparece. Tal vez había uno o mil allí abajo.
—Algún intendente o algún coronel.
—Ese era el otro problema: en Irak todos se parecen, hasta los edificios: las coordenadas lo eran todo. Y ya ves, tanto relajo para que ese hijo de puta de Saddam quedara donde mismo.

15 febrero, 2018 / Fotografía

En esta falta de experiencia en nuestra vida en redes sociales, la necesidad de identificación y de conformación de nosotros mismos se manifiesta a través de las selfies. A falta del otro y de la experiencia que me ofrece como constitutiva de mi ser y personalidad, el vacío que el me gusta no puede llenar se sustituye con las selfies

15 febrero, 2018 / Literatura

Alonso Vidal ha optado por una visión clara y concreta de la historia literaria de Sonora, sobre todo a base de lo que él mismo llamaría “viñetas biográficas estructuradas en prosa poética”

13 febrero, 2018 / Poesía

Y estaré allí donde ya nada vale nada
hasta que algún día una dulce gitanilla,
con mocos y pecas en la cara,
limpie con su manga grasienta
la suciedad que la sociedad pegó a mi alma;
y volveré a ser un juguete reluciente de amor y de alegría.

13 febrero, 2018 / Entrevista
12 febrero, 2018 / Entrevista

En los cuarenta, cincuenta, todavía en los sesenta, tuvimos resquicios de gran calidad en las canciones, de gran calidad en los intérpretes, pero a partir de los setenta se han tomado políticas muy equivocadas, y precisamente he sentido una gran frustración y he visto cómo es que este amadísimo país que es el nuestro, se hunde, se despedaza en consumir chatarra

11 febrero, 2018 / Poesía
9 febrero, 2018 / Opinión
8 febrero, 2018 / cuento

El primer radio que hubo en mi casa mi madre lo colocaba sobre una repisa sobrepuesta en una de las paredes de cartón y madera. Cómo olvidar el olor a nuevo, negro y brilloso como un diamante recién pulidito, con ganas de no sacarte de tu envoltorio, pero no sonarías de igual manera. Después te coloqué sobre esa mesita, redonda, si bien recuerdo por casi dos inviernos permaneciste sobre de ella; con el paso del tiempo, la mesa se empezó a desbaratar sola, el aserrín caía como loco y la mesita ni se diga, a pesar de eso seguía allí, eso sí, nomás te recorría para que no calleras al suelo y te apagaras y no prendieras de nuevo.