Cuatro cortometrajes de manufactura sonorense

 

Carlos Sánchez

Los resultados se exhiben. Convocan a la sociedad, levantan el telón y las propuestas fluyen.

En Teatro de la Ciudad de Casa de la Cultura de Sonora, es la cita para ver la conclusión de los proyectos fílmicos auspiciados por el Fondo de Apoyo a la Producción de Sonora (FAPS), coordinado desde Instituto Sonorense de Cultura, con el apoyo de Secretaría de Cultura.

Luego del protocolo, la exhibición también de productores y directores, éstos son, véanlos bien, el proyector invade la pantalla.

La ausencia es el título del primer cortometraje, escrito, editado y dirigido por Alexis Barco, quien es egresado de la Licenciatura en Dirección de Cine por la Universidad de Medios Audiovisuales de Guadalajara Jalisco.

Encontramos allí la necesidad del decir, el dolor que da la pérdida de un ser querido. Las consecuencias de su ausencia, el deseo de morir. Con un lenguaje actoral por demás deficiente, con el caos que significa el no saber mirar a la cámara, con la falta de claridad en quien dirige.

No obstante el objetivo se cumple, porque se ejercita, porque la perfección no se alcanza, a veces, en un solo sorbo.

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En el cortometraje intitulado En ti estoy, la enfermedad en fase terminal es el punto de partida. La voz narrativa, en primera persona, que conduce el corto es inverosímil en su tono al momento de contar la tragedia interior. No se siente lo que se dice, por ende, no se transmite la emoción, sino al contrario, perturba.

Por momentos acudimos a escenas similitud de telenovelas al más puro estilo de Televisa. Se cuenta el recuento de lo que da esperanza, cierto, en un planteamiento por demás intrascendente.

Hay un momento más o menos logrado al cierre del corto, predecible también. Quizá la existencia de las notas en un piano sea buen colofón para lo que se desea decir. Y citar a Machado con un texto por demás pretensioso y que solo redunda en lo que se ofrece en la propuesta, un error.

En ti estoy, no está la convocatoria a la imaginación, la sugerencia es ausencia. Algo que toda propuesta artística debiera contener.

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El compadre Medina tiene como título el cortometraje dirigido por Javier Quiñones.

El guión es de Mathew Sanabria y Alfonso Ochoa (así lo cita el programa de mano). Y encontramos aquí una cálida locación, una regular actuación en la humanidad de Alberto García, quien se desempeña como locutor en una radio comercial de Hermosillo, y bendita oportunidad que le da la vida de ejercer en un trabajo de ficción el mismo oficio.

Hay una taza de café, el gorjeo de los gallos, el clima matinal que desciende. Hay también la amenaza quién sabe de quién contra el locutor. Y al final parecería que la amenaza se cumple. Pero después resulta que no, que el locutor aparece recostado en su cama, que las balas no lo alcanzaron.

La claridad en la propuesta es también ausencia. No obstante se logra un clímax, la fotografía es decente, el look se deja acariciar por la mirada.

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Loving South, guión y dirección de Oliver Rendón, cuenta la historia de un Minuteman, estos detractores de la libertad, estos ejecutantes de la crueldad en contra de migrantes.

En su propuesta, Oliver le da vuelta de tuerca a la historia de lo que debería ser un hombre sin misericordia. Con pulcritud, con un ritmo preciso, con actuaciones perfectas, el Minuteman nos muestra lo que habita en su interior: ese ejercicio del amor hacia el hombre, hacia el otro.

Subyace lo verdaderamente humano. Está allí, en la historia, la oportunidad de realizar el amor reprimido, el que se ha negado. Se encuentra en la existencia de los migrantes.

Adam, quien es el personaje principal, se perfuma antes de salir a cacería. Se encomienda a la vida, porque puede ser que en la próxima búsqueda encuentre lo que se sabe de manifiesto, la posibilidad del contacto físico, otra vez.

El amor dicho como nostalgia desde una canción.

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Este FAPS son las siglas como soporte. Este Fondo de Apoyo se convierte en la posibilidad de avanzar. Arriesgarse es la inexorable actitud cuando se pretende caminar.

Las cámaras obedecen a las acciones, ¿o las acciones conducen a las cámaras?, el movimiento de los actores acatan las consignas del director. Estamos en ciernes. Solo así se podrá encontrar la estética, tiempo después de intentarlo y aprender a decantar el discurso.

 

 

 

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