Me asaltó un chota

 

José Manuel Ávalos

I

Y así

 

Y las calles son solitarias, el Firus me acompaña alegremente mientras cree que conseguiremos un poco de comida. Estúpido perro. Que perro tan ingenuo. Aun así, no perdemos la esperanza, la esperanza de encontrar un fétido hueso de pollo sin carne, alguna lata de refresco con pocas gotas o un cuerpo de rata para cocinarla. Así son los días, pero las noches son peores. Son calles renegridas y lóbregas que no son lindas para dar un rondín. A pesar de odiarlas, me han ayudado bastante. Me han hecho ser el hombre que soy ahora, he conseguido varias experiencias, he conseguido ser lo que jamás imaginé: un vagabundo, pero sin calle, al parecer.

 

 

II

El perro ladrador

 

El Firus ladra y ladra y no se calla, es molesto hasta los cojones. Está ladrándole a las esquinas llenas de prostitutas y transexuales, le ladra hasta al conejo aplastado a medio callejón. Algo traman, algo esconden, algo quieren decirme pero no lo capto. Soledad gritan unos, yo sólo susurro quebranto.  Me corren de un restaurante sólo porque veía comer a unos gordos. Panzas rebotadoras, panzas rompe-pantalones. Panzas llenas de comida. Comida que busca el perro, que la ansía. Pero éste pobre cabrón no sabe que jamás la tendrá. Sólo será ese mugroso perro, ese descolorido, ese holgazán e inútil ser vivo, así como yo.

 

III

Me asaltó un chota

 

¡Qué jodida e irónica es la vida! Me asaltó un chota, bigotón y cara de idiota. Llegó a mi muy filoso, como navaja de cholo. Llegó a mi muy entrón, como superhéroe mal pagado en una película aburrida en el cine. Me tumbó mis chicles, mi lápiz nuevo que me regaló una ñora, mi cuaderno pulguiento que me cargaba el perro y mi peine para la barba. ¿Ahora cómo me peinaré la barba? ¿Cómo le escribiré poemas a mi perro para recitárselos en la orilla de la fuente? ¿Cómo quitaré mi mal aliento después de haber comido en la basura? Al chota le valió madre y me asaltó. Me tiró, me esposó y me gritó. Y aquí andamos, mi perro Firus y yo. Buscando cómo siempre, con el optimismo de encontrar mejores cosas. En cambio, el chota aunque busque y busque, encuentre y encuentre, seguirá siendo lo mismo: un chota que asaltó a un vagabundo.

 

 

IV

Cuando al Firus le dio rabia

 

Me da rabia que no sepa cómo ayudar al Firus, tan quejoso que se ve, tan desalentado y con espuma en ese apestoso hocico. Me da rabia la rabia del rabioso. Del rabioso Firus con rabia. Rabia en el acíbar rostro del Firus. Acíbar con almíbar embarrado en su hocico. Cinco en el rincón. El veterinario no nos quiso ayudar, al parecer traía un poco de mamón en su ser. El Firus me mira triste y sólo se postra en la orilla de la fuente, mirando al sur y al norte, con una que otra mosca revoloteando en su cola. Pobrecito, no se ha metido al agua a bañarse. ¡Pero qué dicha! Él puede bañarse, yo sólo me peino con saliva. Saliva rabiosa del amo del Firus rabioso, el cual está rabioso del rabioso veterinario que no quiso curar al rabioso y sin rabo, Firus.

 

 

V Un lingote de oro en la basura.

 

Cuando me encuentro una comida sin estar echada a perder en la basura, es como encontrar un lingote de oro. Unas cadenas doradas del rapero mayor. Oro en el diente del viejito gruñón que lee su periódico cada medio día. Un diamante en la corona de la reina, de mi reina Yolanda, que se fue y me dejó aquí, bien solo y medio difunto en el reino de los humanos sin corazón. ¡Te pasaste, Yola! Me hubieras llevado contigo, y de paso al Firus también. Esa hamburguesa se ve decente, como Firus después de haberse lamido el escroto. Decente como el chota que me tumbó. Decente como los productores de un mal show en televisión. Decente como indecente. ¡Che, Yola! Mándame unos taquitos, de esos de cabeza, de esos de corazón y cariño que me dabas. Y unos pal’ Firus, pero sin salsa por que se enchila. Un lote de oro nos encontramos, alegres y contentos ahí vamos, pero sin suerte nos hayamos, porque una rata nos ha alcanzado. Maldita rata.

 

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