La Novena Sinfonía en el Callejón del Templo

Carlos Sánchez

Álamos, Sonora, 21 de enero 2017.- Los espectadores se congregan. La cita es en el Callejón del Templo. Los objetivos se diversifican: escuchar y ver. Quizá (que es lo más seguro): sentir.

Es el Festival Alfonso Ortiz Tirado (FAOT) en su trigésima tercera edición. Es la ciudad de Álamos, el escenario por antonomasia, el tributo tradicional al tenor alamense que da nombre a este encuentro artístico-musical.

A las diez y media en punto, ni un minuto más. La humanidad de los asistentes recibe con aplausos a la Orquesta Filarmónica de Sonora, quienes estarán ejecutando la Novena Sinfonía de Beethoven.

La Novena Sinfonía, última obra que compusiera el autor oriundo de Alemania, una de las más trascendentales, importantes y populares de la música y el arte.

Las primeras notan acontecen, son el atino de la afinación. Los aplausos se imbrican al sonido que emanan de los instrumentos. La noche se manifiesta óptima. Ocurre el concierto.

Tiene esta sinfonía su curso, el ir y venir en la diversificación de ritmos, la potencia que construyen sus notas.

David Hernández Bretón es el director de la Orquesta. En su movimiento de batutas, el cuerpo se adhiere, dirige con las manos, flexiona sus rodillas, la emoción que imprime desencadena es la magistral interpretación de la Orquesta.

Y el momento también más esperado, llega. El tenor Óscar de la Torre ofrece su canto en el momento correspondiente de la sinfonía. Hace lo suyo la soprano Neivi Martínez, Alberto Albarrán aporta su dosis de talento, Eva María Santana entrega su voz.

Los integrantes del Coro del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Sonora, bajo la dirección de Zaruhi Martirosyan, enaltecen la armonía y la proyección musical propuesta en esta noche de concierto en el callejón.

El contexto tiene la textura de una noche de ensueño, de una película extraída del imaginario colectivo. Porque por una acera los colores de las paredes de las casas dibujan antaño y son vestigio de la vida pasada. Por otra acera, los arcos, la banqueta, alberga se convierten en un recinto óptimo para la presencia de los espectadores.

Ocurre todo esto en una noche de callejón. El Festival Alfonso Ortiz Tirado dio inicio. La Orquesta Filarmónica acompaña la grandeza del canto, con estos ejecutantes de la lírica.

Antes de caer la media noche, se aposentó la fermata. Las palmas de los visitantes al concierto, se convirtieron en una extensión de la Novena Sinfonía. 

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