Al fondo del oscuro callejón, se escucha un rumor

 

Foto: Dionisio Corral

Carlos Sánchez

Cuán catártico resulta cantar las rolas con las que crecimos. Armar el ensamble colectivo mientras también en colectivo, o en pareja, construir una coreografía desde el impulso.

Qué linda convivencia cuando nos hermana el canto. El golpe potente de las melodías que suenan como un jazz norteño, o a un bluesito de la región.

La Rumorosa, María Inés Ochoa, de quien nos dijeron es hija de la emblemática Amparo Ochoa, la cantante aquella que nos formó con la interpretación de letras que nos abrieron los ojos a través de los oídos. La Rumorosa, heredera del talento, el desarrollo desde su propia voz, se apropió del escenario, construyó y compartió desde La alameda, un concierto magistral.

En contexto del Festival Alfonso Ortiz Tirado (FAOT) en su trigésima tercera edición. Al filo de la media noche, en el lugar que ya representa cita obligada después de la noche del bel canto, posterior al escenario también de la Plaza de Armas.

Allí, aquí, la cerveza que se destapa, el baile que se inaugura, el sonido de acordeón que suena a rescate y tradición.

Hoy con La Rumorosa, quien abre el concierto con José Alfredo. Deja que salga la luna. Y da una vuelta de tuerca y se discute con una de Los Rodríguez, que también interpreta Julieta Venegas en  Calamaro querido. Quiero ser el único que te muerda la boca. Dice uno de los versos. Sin documentos es el título y hoy suena a bolero norteño, con un fa do de acordeón en el fondo.

De pronto la idiosincrasia se convierte en una ofrenda de lo que somos. Zapatear es inevitable cuando La Rumorosa nos advierte lo que se nos viene hacia los sentidos. El sinaloense, se escucha, se siente. En el corazón de La alameda la euforia es el trazo perfecto para un paisaje realista donde todos los presentes formamos un pincel de múltiples colores.

Qué potente, raza, cómo suenan las trompetas, la guitarra, el acordeón. Se discute la bandita y dan ganas de bailar hasta el amanecer.

Dice La Rumorosa que la gente de acá es cálida. Y a todas luces en el marco de esta noche las bebidas frías en las manos son la contraposición del talante. Beber es un acto constante: se bebe la música, se bebe el instante, se bebe porque mañana puede que se avecine la resaca.

La prevención es también el movimiento del cuerpo. Cuando la nómina de rolas nos cuentan la historia que somos, los versos que a pecho abierto ondeamos de morros en el callejón, cuando nuestras madres afanando en la jornada del lavadero, encendían la radio. Y desde allí canciones como la de anoche:

Nunca pensé que algún día / tú me pagarías con una traición… Ésta que se intitula El golpe traidor.

Las noticias buenas también son de celebrarse. Ahora que los embates de acontecimientos nos abruman como un tsunami.

Saber que a través de La Rumorosa, encontramos una extensión del discurso, el rescate, la calidad interpretativa que nos legara la comprometida Amparo Ochoa, nos resulta como una enorme cápsula de oxígeno. Respirar con gratitud. Aspirar a seguirle los pasos. Escudriñar la vida con el deseo de ponerle cola para pronto encontrarla otra vez.

Al fondo del oscuro callejón se escucha todavía un rumor: No renunciaré / a esta paz que tú me das día tras día / a cambiar mis penas por tus alegrías / y este amor que tú me das con garantía…

 

 

 

 

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mambo Autor: