Al momento de escribir uno piensa que el personaje va a entrar y salir, pero de repente le encuentras el gusto y ya no puedes sacarlo

 

 

 Óscar Alarcón

“Rocha subió las escaleras de cantera hasta el rellano donde se hallaba el mural de José Clemente Orozco. Atravesó el umbral hacia un par de teléfonos públicos, junto a los baños. Introdujo una moneda en la rendija del aparato. Marcó a la redacción de El Espectacular y pidió que lo comunicaran con el Niño. Quihubo, ¿cómo andamos Rocha?, ¿ya tiene más avance del caso de? Se oyó el chiflidito característico que la hacía Pepe El Toro a la Chorreada” (fragmento de la novela Amorcito Corazón, publicada por Nitro Press, página 65).

 

Óscar Alarcón. Tu novela, Amorcito Corazón, Premio Libro Sonorense 2015 en el área de novela, tiene uno de los íconos más fetichizados del cine mexicano: Pedro Infante, ¿te resultó más complicado este personaje al momento de construir tu trama que en otras novelas?

Carlos René Padilla. Un poco pero ya que me aventé la novela, aunque es el eje conductor de la investigación, se me fue muy rápido y de ahí deriva.

Mucha gente me preguntaba que por qué si siendo del norte no focalizaba mi novela aquí —pero como lo mencionaba en la presentación en la Feria del Libro del Zócalo— no me lo podía traer tan lejos a este canijo. Aunque Pedro era de Sinaloa no me lo podía traer tan lejos. De ahí derivé que mejor sucediera en el D F.

 

ÓA. En tu novela aparece el Norte como un lugar en el que desde hace mucho tiempo están ocurriendo cosas, no solamente el narcotráfico, y parece que todo ocurrió por generación espontánea, ¿qué tiene el Norte que produce este tipo de historias?

CRP. Ya es parte de nuestra esencia, de nuestro lugar. Son cosas cotidianas. Puedes venir para el Norte y maravillarte o espantarte del desierto, del calor o de los lugares. Yo me voy para el Sur y me asombra lo verde.

Es parte de la identidad y de ahí hacerlo. Tenemos mucho como característica el hablar, el expresarnos, cómo somos aquí en el Norte. Creo que eso debemos de plasmarlo a la hora de hacer literatura.

 

ÓA. Aparecen dos personajes en el trasfondo de tu novela, el primero de ellos es Enrique Metinides, el fotógrafo de nota roja que aparece como el personaje del Niño. Y el detective de Complot Mongol, ¿cómo te basaste en estas dos figuras para construir tu novela?

CRP. Es una manera de hacerles un homenaje no muy velado, como puede verse. En este caso es el Niño Palencia. Por mi formación de periodista de nota roja, considero a Metinides el mejor fotógrafo de género policíaco, si no a nivel mundial sí a nivel nacional. Es un personajazo el señor. No tengo el gusto de conocerlo pero su trabajo, sí.

La verdad es que te narraba una historia con la imagen y eso se agradece mucho. Tenía una imagen, un lente espectacular. El personaje iba a ser como Filiberto [de Complot Mongol], iba a entrar y salir pero fue muy bueno. Juan Nicolás Becerra lo defendió mucho. Y al momento de escribir uno piensa que el personaje va a entrar y salir, pero de repente le encuentras el gusto y ya no puedes sacarlo.

Filiberto es un ícono. El Complot Mongol es un parte aguas para los que nos gusta la novela negra y policíaca. Mi novela está llena de guiños. Chequé datos y mi historia está en la misma cantina —La Ópera— en la que está Complot Mongol, me dije “por qué no hago que de vez en cuando se encuentren estos, al final de cuentas por ahí se mueven”, y ahí fue donde se topan un par de veces. Aunque solamente una vez hablan.

 

ÓA. Recientemente leí el libro Periodismo de emergencia de Vicente Leñero y escribió una crónica en la que aparece María Félix, me llama mucho la atención porque la describe de manera similar a como la describes en tu libro, ¿cómo fue la investigación para recrear este otro personaje tan icónico?

CRP. María Félix nació en Álamos, es sonorense aunque se fue muy temprano para el D. F., yo me la imaginé como una mujer de armas tomar. Le batallé porque ella era doña Diabla.

Si te fijas en la historia, el Niño se queda lelo cuando la conoce y el detective Rocha se cuadra cuando está con ella. El capítulo es totalmente de ella. Sí me costó encontrar las palabras porque tenía que hacerla entre su arrogancia, su orgullo y de repente enojada porque tiene que dar más información de la que puede para esclarecer el crimen que andan investigando.

Si te toca darte una vuelta por acá te darás cuenta de que muchas mujeres hablan así en Sonora.

 

ÓA. ¿Cómo equilibraste el temperamento de tus dos personajes, Rocha y Díaz?

CRP. Díaz casi no habla en toda la novela, entonces tenía que encontrar una forma en la que el lector entendiera que él no habla porque no quiere sino hasta el último. Y Rocha tenía que tomar la batuta. A final de cuentas tomé Sinaloa por parte paterna y Sonora por parte materna y ahí hice la mescolanza.

Cuando era más joven veía cómo se vestían los personajes. Tú veías a Pedro Infante vestido con los botines de piel, los pantalones de vestir: así describo yo al detective Rocha, porque así me tocó ver a la gente de Sinaloa. Así como se vestía Pedro Infante, así se vestía la gente de Sinaloa: sombrero, camisola, pantalón de vestir con botines de piel.

Tienes que lograr un equilibrio para que lo que hace uno, lo diga el otro y al final de cuentas hacer entrañables a estos dos personajes con los lectores.

 

ÓA. Además uno de los detectives siempre tiene un palillo en los dientes.

CRP. Ese fue un acierto. Si te fijas en las novelas negras siempre está el detective con alguna característica muy, muy, muy marcada. No quería ponerlo fumando a cada ratito, encontré que con el palillo podía ser algo que se ponía y se quitaba.

Los morros de Nitro me estaban diciendo que a los lectores les ha llamado mucho la atención el separador del palillo, que ha funcionado. Que de repente llega la gente y dice “¿y esto qué?, pues es un palillo, un mondadientes, a ver dámelo”. El rollo era crear una complicidad con el lector, si puede ponerse el palillo mientras lee pues mucho mejor.

 

ÓA. Una última pregunta, pones en un ring a dos íconos: Elvis, el nombre del detective gringo que viene a México, y que nos remite a Elvis Presley, que viene a investigar el asesinato de Pedro Infante, ¿cómo se te ocurrió que estos dos íconos pop aparecieran?

CRP. Es la contraparte. Como dices, Elvis de volada es la referencia de Elvis Presley, es el personaje de la incipiente DEA —que de hecho todavía no se llama DEA—, que fue una de las cosas que anduvimos checando. En ese entonces la DEA no estaba establecida. Había un precursor.

En aquel entonces, como ellos dicen, la amenaza eran los comunistas, no la droga. Para ellos, el departamento contra las drogas no pintaba. Ahora bien, agarro a la contraparte, aunque Elvis es un hombre clave y todos hacen mofa: “ah, como el cantante norteamericano”.

Nunca rebelamos el verdadero nombre del detective de la DEA pero sí nos damos cuenta de que lo que trata de hacer es obstaculizar la investigación. Y así lo construimos al personaje.

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