De Cierta Palabra. Alba Brenda Méndez: innegablemente poeta

 

Apuntes de un lector diabético II

 

Por: Luis Álvarez Beltrán

 

Alguna desautorizada acepción del escapista término puede letrar que ser poeta es estar enfermo de una sensibilidad secreta y feliz de ver la vida de una manera diferente, metafórica, que permite en una libertad ejercida voluntariamente, en automático, nombrar a las cosas, las personas, los elementos de la naturaleza, los sucesos del mundo, el sentimiento, las historias, por medio de imágenes subjetivas, jueguetonas, sublimes y de significado simbólico, nunca diciendo lo directo con palabras directas y aun siendo totalmente directos… si sabemos leer.

Llegar al estado poético e identificar el estado poético lleva años. Sin embargo, no hay un sino forzado de ese recorrido. El poeta vivirá, y respirará la poesía hasta ser capaz de escribir. Dice Jorge Ochoa que el poeta es un vehículo que la poesía utiliza para cristalizarse, para salir, para brotar. El falso poeta no llegará a ser poeta. El poeta no podrá renunciar a su naturaleza. No podrá siquiera rebelarse a su condición. Será poeta: aun de clóset, aun inédito, aun desde el silencio.

Alba Brenda Méndez Estrada, innegablemente poeta, caborquense, hermosillense, sonorense, poeta estatal, nacional e internacional, pertenece a ese exclusivo ministerio a fuerza de constancia y de leer la vida y escribirla desde el imaginario de una experiencia femenina y bella… También ser escritor es transitar y deambular esas calles interminables desoladas de la dificultad para escribir, para publicar, para darse a conocer y superar esos solares inmensos infranqueables de que la obra consolide su forma, su firma, su trayecto, su marca, su heredad. Alba tiene en su haber los blasones algunos maratones de nobilísima existencia, desde la trinchera de la educación, la escritura, la promoción de la lectura, el arduo trabajo del gremio literario, incansable, indetenible, invaluable, insuperable, insustituible.

La Feria del Libro de Hermosillo 2016 dedicó su edición a Alba Brenda Méndez nombrándola escritora homenajeada. Nada más atinado y justo a la tal vez más constante promotora de las letras sonorenses los últimos veinticinco años.

Obviando sus méritos como educadora, mediadora de salas de lectura y líder gremial de escritores del Estado, damos cuenta aquí de su propuesta lírica a partir de su Antología Poética 1989-2016 De Cierta Palabra (ISC 2016), cuya edición a cargo de Carlos Sánchez, nos abre al mundo simbólico de Alba Brenda.

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Alba Brenda accede, por derecho de tiempo y de trabajo, a ese lugar de los privilegiados, los fundacionales, los escritores de referencia, acompañando a Cornejo, a Vidal, a Bohórquez y otros, por haber estado ahí, surgido ahí, de entre ellos, con ellos, desde ellos. Y, como los soldados irlandeses que pelearon contra el ejército británico por su independencia, porque pagó su cuota de labor y de dedicación.

Como lector diabético (en camino de perder la vista y la vida) y aficionado, distingo que Alba Brenda lo poetizó todo. Eso es lo que me llama a las consideraciones arriba mencionadas.

En el poema No era para siempre, nos dice: Llegó espantando gaviotas de soledad/para hacerse/huésped cotidiano de mis venas. Y sin triunfalismos confiesa: Cuando sentí alejarse su voz/persiguieron su rumbo/minutos lentos/deshaciéndose/y me creció en los tímpanos una desierta palabra.

Cómo un capítulo o una cuestión trascendental de vida, se resuelve en el crisol de un par de versos que, sin tener que curarnos, al menos nos expresa. Alba Brenda se continúa, sangre de sentimiento: Tanto andar… Tanto andar/tantos baches y/gente/por estas calles/ausentes de ti.

Dónde ¿en qué lugar haremos la casa? Dónde la casa /…/habrá piedras/y aquí el poema/allá vestidos/que saben a tiempo/lejos lejos el rincón/de los olvidos/este sombrero/no debe faltar/y por alguna parte/cierto recinto/inhabitado/…/dónde la puerta/aquí/mediana/grande/o pequeña/por donde el mundo te dé la mano/o mejor/espacio abierto/libre de recuerdos/cuyo principio sea/hoy/nada más.

La poeta maestra narra la cotidianeidad nunca gratuitamente, siempre desde el aporte del hallazgo que, desde la palabra, eleva a los objetos o a los actos a una categoría de sensibilidad, de sentimiento o de filosofía.

El poeta reconoce sus incertidumbres, desplegándolas: Nunca las parcas tejieron nuestras vidas… nosotros no estuvimos en las playas de Troya/afuera o adentro/del caballo/…a dónde vamos en esta nave/de negra proa.

Labradora de versos, Alba Brenda poetizaba los Paisajes: Distraído/el último pájaro/cruza el desvelo de la noche. Poetizaba las acciones: Viaje al mar. Tu risa/se fue brincando/resbaló en la arena/y se clavó infinita/en los erizos/y en las medusas./Luego supe/el mar/estaba/muriéndose/de risa.

Tal vez el afán del poeta es volver entrañables cada una de sus memorias, capturar la esencia de una existencia que, por amor a la vida misma, al milagro de la vida, no tiene por qué quedarse sin registro, es decir, sin poema.

Variaciones del calor /…/luego en la noche/llorabas quedo/al cabo el sol/temprano/secaría el médano recién regado/y alguna lágrima si acaso hubiera /Y un eco de chicharras cantando habladurías/me sorprende/No está frío el recuerdo/y me pregunto si sabrás/que ya no es lo mismo la tristeza/

No se es poeta del desierto sin alguna vez escribir una poética sobre el desierto. Día de agosto. Estalla sobre la ciudad el sol/como si sólo tuviera/un día/para alumbrar.

Alba Brenda echa mano de momentos que nos son comunes: la feminidad, el amor, la soledad, el silencio, la muerte; y los dota de otra narrativa, otra forma de decir, su original lenguaje.

A veces el silencio. Duerme también la soledad/que lentamente fue ocupando espacios/desde el claroscuro de las seis./A esta hora/sólo quedamos/mi sombra/y yo/entonces/las dos/hablamos.

Tu muerte. /… / Y cada habitante/de la calle, el campo y la casa/se quedó perplejo/con un pedacito de tu muerte repartida/ Cronología. …Amanece/sobre la angustia/del miércoles/y tú/eres piel/en la palma de la muerte./el jueves que te aleja/se lleva/tu paciencia inmóvil/cumpliendo su sentencia/en tiempo llorado/y caes/en el laberinto del viernes/allí/donde mi grito/busca un enigma/o tu nada/que me hiere y me convierte/en un trozo/o en un dedo de tu muerte/en un dedo de la mano que se agita/en el adiós de un lunes/

Alba Brenda crece, vive, evoluciona, vuelve a escribir, respira poesía, exhala poesía, y concreta, muy consciente de su aliada memoria.

Existencias. Allá sólo existen pardas nubes/muy bajas/Aquellos hombres del polvo/y en polvo te convertirás/son/desde hace mucho/remolino que atraviesa las calles/a eso de las tres de la tarde/el remolino envuelve/al chamaquerío jugando/Remolino/son las mujeres/del polvo eres y en polvo te convertirás/andando por las calles duras/resuello del mediodía/en una ciudad/con su pueblo viejo/donde la Marialuisa era trigal/en su pueblo viejo/que ya no eres/.

La poeta del desierto y la ciudad que Alba Brenda es, se da para jugar y coquetear, un poco al estilo de su buen amigo Abigael.

Esto que soy. Esto que soy/-huesos y algo más-/aun quiere estrechar/tu calavera/.

La poeta verdadera vive, observa poetiza aun sobre la muerte, ese prohibitivo acceso de la mente. En el hueco de tu muerte. En el hueco de tu muerte/en los territorios que hoy habitas/madre/niña/¿cantan así/como/estallando/las chicharras?/ Día de muertos. Dos de noviemb5re/prado y granito/olor a carne asada/tú te paras en seco/y/elotes/gladiola/cañas/cobijas/no es raro y asombra/la mercadería/celebración de la muerte/alrededor de miles de/muertos/…/Cuidado con los hoyos/puedes irte al fondo y quedarte allí/sola/con los muertos/aquí no hay huicos/ni van hormigas cargando hojitas/aquí la tierra tiene agujeros/cuyo final es el final/…/ En silencio mi madre barre bagazos/al pie de un ángel/y aquí te pierdes polvillo fino de la memoria/Vuelvo al prado y granito/de la entrada/me llega el humo/y la música de un radio viejo/vuelvo al dos de noviembre/celebración de vivos.

Alba Brenda habla de la lluvia en Resonancia de Gotas, a la Nube, saltan su vida y obra a otro libro, de nombre No quiero ser quien cuente, que nos hace evocar La Tierra Prometida, de Abigael Bohórquez, por su temática y su conclusión, pero cuya factura es albabrendiana cien por ciento, igual que el poema Obreros de la tarde, gran poema social.

Si le pudiéramos llamar la otra poeta caborquense, la otra es Abigail/Abigael sería sin querer dar lugar a controversias. Mejor lo dejamos así. Abigael es el poeta caborquense. Alba Brenda es la poeta caborquense. Y en ese sentido, con ese respeto, esa formalidad y sensibilidad que la caracterizan Alba Brenda evoca la memoria de su mentor y amigo, El Mayor, dedicándole dos textos: Con algunas de sus palabras, la elegía; y Cuando muere un poeta, cumpliendo con expreso y sincero propósito, lo mejor que se le puede dar a un letrista: bellas letras. Lo mejor que se le puede dar a un poeta: un poema.

La buena noticia para Alba Brenda es el homenaje merecido que se le rindió el pasado noviembre en Hermosillo en la Feria del Libro. La mejor noticia para nosotros, además, es la disposición de esta antología: De Cierta Palabra.

  1. D. Me da flojera hablar… pero ¿no podrían por favor las somnolientas autoridades culturales de donde sea presentarla en su tierra natal, Caborca, con este libro, para que la gente de su pueblo la conozca y la reconozca? Gracias.

 

https://www.youtube.com/watch?v=jLIFVx9KOUM

 

 

 

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