Con un abrazo hasta el corazón

Foto: Pina Saucedo.
Texto: Pina Saucedo
“Con un abrazo hasta el corazón”.
                            Para Juan Bañuelos
Corría el año dos mil y a pesar de que se dejaba sentir ese verano hermosillense (que quema hasta lo indecible), recuerdo con frescura la tarde en que conocí a Juan Bañuelos, “Una de las voces más poderosas de la poesía en lengua castellana”, según lo definió el poeta Juan Gelman.
Fue en unas Horas de junio, en el ejido San Pedro del Saucito, después de una comida.  Y en ese recuerdo veo claramente a la guaymense Claudia Alejandri, platicando con el Poeta que ese año estaba en la lista de los invitados más especiales que ha tenido el Encuentro hispanoamericano de escritores. Veo también en ese recuerdo a Edith Cota tomándole fotos en una sesión de la que finalmente saldría una de las imágenes del poeta que se publicó en un libro suyo al año siguiente.
Pero en especial, de esa serie de imágenes en la memoria, recuerdo la emoción del Bruno, a quien pude observar desde el otro lado de la carretera, cuando emocionados llegamos de Hermosillo al sitio del cierre de Horas en una vieja construcción que actualmente ya ni funciona y que años antes había albergado oficinas de Turismo en San Carlos, Nuevo Guaymas.
Las mesas de esa tarde de cierre del evento transcurrieron con lecturas de poetas, tanto de Guaymas como de otros sitios del país y del continente americano. Cada currículum con el que anunciaban al integrante de la mesa era casi una caricatura del escritor participante.
Pero la atención seguía centrándose en la presencia de Bañuelos y al final de las lecturas llegó la hora de poder acercarse al poeta chiapaneco. Algunos lo entrevistaron, otros pedían autógrafos y otros simplemente se acercaron a él como una especie de tótem; entre esos últimos estuvimos el Bruno, yo, además de varios amigos nuestros quienes recibíamos sus palabras como uno de los regalos más grandes en la vida.
Aunque no narraré los detalles de las horas que siguieron, puedo asegurar que esa noche frente a la bahía de San Carlos, fue mágica.
Pasaron cuatro años y Bañuelos, quien para entonces se convirtió en nuestro amigo, regresó a Hermosillo en ese junio en que se le rindió tributo en Horas 2004 y donde también homenajearon al obispo Samuel Ruiz, en un cierre efectuado en Mazatán, entre bienvenida con música de banda, bocadillos al más puro estilo sonorense: tortillas de harina, requesón, dulces, carne asada.
Esa vez, el poeta quedó sorprendido cuando escuchó la lectura de Julio Ernesto Tánori y su frase final: “Escribo para borrarme”. Yo estaba sentada a un lado de Bañuelos y entonces preguntó: “¿Quién es ese poeta?”. Después se acercó a saludarlo y lo felicitó. Un día antes, Juan Bañuelos nos llenó de anécdotas. A decir verdad, tuve la sensación de que deseaba que sirviéramos como testigos de su trayectoria narrada en relatos tan sorprendentes como divertidos. Hasta recuerdo que llegó a pronunciar: “Les cuento esto para que lo sepan por si alguna vez no estoy y lo narren ustedes”.
Quién sabe, pero así fue.
Otra vez pasaron seis años. Y en 2010 Bañuelos acompañó a Elena Poniatowska, a quien se le rindió tributo en tal ocasión.
En ese verano igual de caliente que siempre -o quizá más- el visitante distinguido acompañó a un grupo de poetas jóvenes al Bar La Bohemia, a escasos pasos de la sede de Horas de junio. Ahí se prestó para que algunos charlaran sobre la obra publicada o inédita y preguntaran el punto de visto del personaje.
Durante la visita de ambos personajes que incluyó Guaymas y Hermosillo, no faltó quien por total desconocimiento, ante la pregunta: “¿Quién ese ese señor?”, respondiera: “Oues ha de ser el esposo de Elena Poniatowska”.
Para nosotros Juan Bañuelos fue ese amigo de oro, ese libro preferido, ese ser tan sencillo como enorme. Ese Poeta que nos dejó a través de su obra, un campo fértil para sembrar y cosechar el alimento de toda la vida. Y así como lo dejó escrito en una frase, con su puño y letra, en la dedicatoria de uno de sus libros, así se despidió -sin saber-: “Para mis amigos  Pina y Bruno, con un abrazo hasta el corazón”.

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