Amasiato Clown

 

Lenin Guerrero

El amor no da risa, pero hace muchas cosquillas. Al menos esa sería mi conclusión luego de ver la noche del 27 de abril pasado el inicio de una temporada más de Rojo Carmín en lo íntimo de la Casa de La Matraka, hogar de la compañía de teatro sonorense homónima que se consolida como una de las propuestas con más éxito en la cada vez más “anchita” oferta teatral de nuestra localidad.

La dialéctica propuesta por Rojo Carmín es una experiencia cercana a lo catártico, una especie de juicio exprés a la institución invisible del matriarcado a través de una hilaridad rasposa, que cuestiona hurgando en los sobacos del ser humano, provocando con mucha naturalidad y según la sensibilidad capilar de cada quien, desde una sonrisa hasta un ceño fruncido.

Cabe mencionar que la adaptación de Rojo Carmín la hace la propia Cruz Robles, quien basándose en el ensayo La mujer y el matrimonio, de Martín Muñoz y Elena Flores (2002), ajusta lo necesario para construir unos diálogos memorables, estructurados de una manera muy circense, echando mando de la pantomima sin abusar de la acrobacia ni del chiste fácil, una constancia de que el trabajo que inició La Matraka en 1990 continúa siendo fructífero.

Es de agradecer que Gerardo Gonzáles, quien interpreta con magistral soltura al personaje de “el hombre”, nos conduzca a la comedia inteligente mediante la pulida gesticulación de un clown masculino Alfa. El Omega de esta ecuación recae en Cruz Robles, “la mujer” que hace reventar en el pecho del espectador incontables y estruendosas carcajadas.

El resultado es un cuento sin moraleja que el público soltero entenderá sólo a medias, una retrospectiva sobre el noviazgo que indirectamente engrandece el espíritu de la pareja como destino y como lugar de encuentro con uno mismo. Es un Ying pasándole una pluma por los pies al Yang, ¿o al revés?

Entradas recientes

Categorías

mambo Autor: