Siento que el destino me ha llevado por este camino

 

Zuleima Burruel, bailarina de danza contemporánea. (Foto: Yoceline Elena)

 

Carlos Sánchez

En la memoria están los días de pertenecer a un grupo de porristas. De ahí la proclividad al movimiento. En esos días habita la frontera, el cruce al gabacho. Crecer con la mira dispuesta sobre el cerro, los cerros, que es Nogales, Sonora. Han pasado los años y la vida le eligió como bailarina.

Zuleima Burruel es integrante de Dédalo Artes Escénicas. Recientemente estrenaron la coreografía que se intitula La Línea, proyecto apoyado por el FONCA. Montaje multidisciplinario donde el horizonte se advierte como una disyuntiva. La exposición de los dolores y alegrías. La vulnerabilidad y el deseo de cruzar para llegar. Una vida promisoria. La chamba en el campo, la fiesta al final de la jornada. Música en vivo, proyecciones de imágenes que contextualizan y conducen al espectador al interior del desierto.

Zuleima Burruel retrata los motivos del oficio que es bailar. Aquí y ahora:

–¿Zuleima, en qué momento detectas que necesitas la danza, que deseas dedicarte a bailar?

–Empecé con esto siendo porrista, fueron cinco años de mi vida en los que estaba de lunes a lunes allí metida. Dejé de ir a reuniones de familia. Era para mí importante estar allí (en el equipo de porristas) porque algo me llamaba.

Cuando yo iba a terminar la prepa mi madre me preguntó si quería estudiar danza, y yo dije: ¿eso se estudia? Por eso nos mudamos a Hermosillo. Soy de Nogales. En ese inter en que terminaba la prepa y entraba a la carrera, vinimos a conocer la Universidad de Sonora para ver cómo estaba lo de artes. Le pedí información a una chava y me  miró muy feo, como preguntándome tú quién eres, con esa energía que no quiere uno tener cerca. Me puso a pensar si realmente quería eso, si en realidad quería yo convivir con ese tipo de personas. Entré en que sí y no, entonces me inscribí en Ciencias de la Comunicación. Estuve allí un año, donde conocí a una chava que a su vez conocía a una chava de artes, y ésta en una reunión me dijo: “A ver abre los pies”. Me puso abrir a primera y hacer varias posiciones. Al verme dijo: “Tú estás lista para entrar a danza, puedes hacer el examen”. Eso me animó, supe que estaba preparada físicamente para bailar, porque lo estuve desde pequeña. Hice el examen y quedé. Siento que el destino me ha llevado por este camino, por mi mamá quien también tenía esta cosita de haber querido hacer esto en la vida, porque ella lo tiene nato, baila muy bonito, con esta energía tan alegre al bailar. Y quizá ella lo quiso poner en mí.

Hubo mucho altibajos, porque entras a la escuela y tienes qué empezar de cero técnicamente, y te sientes como un robot, de momento, con estas preguntas de ¿qué aporto yo?, ¿dónde quedé?, se va un poco porque tienes qué pensar dónde colocar cada cosa de tu cuerpo, porque es técnica y tienes que aprenderla bien.

Mi mamá, al verme bailar me decía: “Te estás perdiendo, ya no eres tú en escena”. Entonces volví a retomar esta cosa de buscar el gusanito y preguntarme: ¿por qué bailo?, no tengo que ser uno un robot, no tengo que repetir lo que enseñan en la carrera, tengo que ser yo y que me enseñan lo hago mío. Y es esta búsqueda que traigo desde entonces, hasta la fecha, de que sí me aprenderé una secuencia, una coreografía, desde  ese momento lo que me dicen que haga pienso en cómo integrarlo a mi cuerpo para que no sea sólo imitar, pienso en qué imágenes me puedo crear, qué textos puedo tomar que sean referentes, a qué películas, qué temas.

–Recientemente te vimos bailar en La Línea, y vimos tu capacidad de entrega. ¿Cómo vives cada una de tus presentaciones?

–Es esta cosa de saber que tengo una sola oportunidad, saber que es una presentación que haremos en un día y en la cual llevamos ensayando demasiado tiempo, y algo que me sorprende del cuerpo es la memoria muscular, que se puede realizar lo físico automáticamente, y entonces está también esta emoción de entrar a la escena que es una energía que te va a desbordar, entonces busco cómo colocarla en mi centro para que no me tumbe físicamente, porque puedo caer, me ha pasado, es algo que viví en la escuela, el cómo esa energía la debo controlar y llevar a ciertos puntos: si el brazo sale cómo va salir con esa energía, cómo la llevo a la cara, cómo la llevo al movimiento, que no sea exagerado ni desbordante, ni impuesto pero que ayude a concretar la acción.

Cada vez es distinto. Tienes una imagen que vas creando, pero en ese momento si escuchas algo lo utilizas a favor. Por ejemplo ayer que escuchaba a los niños hablar al principio de la coreografía, y en ese momento yo estoy bailando y voy en el desierto, busco cómo colocar esa imagen y decido pensar en que es mi hijo que dejé y estoy cruzando la frontera a lo mejor por él, y entonces te pones en ese momento en el pensamiento de fui mamá y a lo mejor ya no lo soy, quién sabe si regrese con esa persona.

–¿Qué experiencias obtienes de tu participación en La Línea?

–Es un tema que lo puedes ver en muchas cosas, y que siempre está en noticias, en videos. Yo soy de frontera, crecí con esta cosa de es mi sueño cruzar y vivir de aquel lado.

En mi realidad está esto de que entre más crezco siento más las raíces de adonde vengo, siento que adonde vaya llevo mi esencia mexicana y cuando hago esta coreografía estoy en esas cosas que viví: soy mexicana y quiero cruzar porque alguna vez lo quise, pero me pongo también en los zapatos de gente que quiere cruzar, y sé que a lo mejor no la volveré a ver en la vida porque no sabemos qué le pasará en el camino.

–¿Cómo fue tu infancia, cómo fue crecer en Nogales?

–Fue de los dos lados. Era común cruzar a los Estados Unidos para ir al mandado, para ir al parque, desayunar y comer allá. Antes de ir a clases mi mamá nos llevaba al Mc Donalds, cruzábamos, comprábamos comida y nos llevaba a la primaria. Entonces está esta cosa de que no batallas en cruzar porque tienes la manera, tiene tu pasaporte, tienes tu visa, no hubo una batalla como lo puede haber ahora.

Yo decía que quería ser bailarina de la Missi Elliot, una bailarina de videos. Crecí con esta cosa de querer ser parte de ellos, crecí escuchando el inglés, hablando spanglish.

–¿La danza te está sirviendo para decir la vida, lo que te duele, lo que te felicita?

–Lo he intentado por ahí creo que va de la mano ya que es una herramienta de comunicación pero con el cuerpo, más bien pienso en cómo en cada montaje puedo yo incluir mi persona en lo feliz que soy, cómo lo puedo transmitir, lo triste que puede ser una situación, lo triste que he sido en algún momento, o he sentido esa tristeza, cómo la genero allí, cómo la pongo, cómo toda esta experiencia de sentimientos y emociones que he vivido en algún momento de mi vida las puedo retomar en ese momento.

Por eso digo que el cuerpo tiene memoria, increíble, las sensaciones regresan en un momento y puedo sentir demasiadas cosas, demasiado, pero pienso en eso: ¿a dónde lo llevo, a qué sentimiento lo enfoco?

 

 

Entradas recientes

Categorías

mambo Autor: