Conversar, coincidir, disentir

 

Carlos Sánchez

La palabra, ese vehículo que funge como faro. La iluminación del pensamiento. La incitación.

Conversar es fundamental. De entrevistas cotidianas nos hacemos sociedad, entre compas, la cercanía. El intercambio de conceptos, ideas, conclusiones. La filosofía que se ejerce.

Conversar sobre periodismo, literatura, en nombre de Javier Valdez, el periodista asesinado el 15 de mayo próximo pasado. Contexto: Instituto Tecnológico de Sonora (Itson), unidad Náinari, en Obregón.

Como un ejercicio de la memoria, la necesidad de celebrar (¿celebrar?), el día de la libertad de expresión. Ante estudiantes en vías de la consumación de su proyecto profesional.

Y estuvimos allí: Imanol Caneyada, Carlos Padilla, reporteros, escritores. Ismael Serna como moderador. Apuntalando el curso de las exposiciones.

Dijo Imanol, la importancia de la existencia de un periodismo como legado que construyera Javier Valdez, el escritor sinaloense. Leyó ante los espectadores, fragmentos de uno de los libros del periodista de marras: Levantones.

Pudiera decir que es imposible ilustrar la reacción de los presentes al escuchar las historias como testimonio de las víctimas, pero debo acercar las reacciones a usted apreciable lector.

Entonces, digo, el silencio en el espacio, fue la reacción más reveladora del impacto que logra Javier con la construcción de las historias donde las víctimas son los hombres de a pie, ante el la violencia que desde hace un buen rato se ejerce con lujo. Y todos los días.

Dijo Carlos Padilla, la valentía del periodista, el Bato. Reseñó las capacidades y el arrojo, la disposición para desarrollar el oficio como pocos lo hacen en este país que cada vez resta más nombres a la lista de periodistas vivos.

Los estudiantes, los que escucharon atentos, levantaron la mano para decir presente y externar sus opiniones, los desacuerdos con las sugerencias de los panelistas. Entonces el debate. Porque Imanol Caneyada conminó a la lectura inteligente de las notas que nos ofertan los medios. Alejarnos de la ingenuidad en la interpretación, apuntó.

No hay tal ingenuidad, respondió uno de los muchachos. La realidad es que aquí se matan a diario, que trafican frente a todos, que nos llena de miedo la cotidianeidad. Esta no es una lectura ingenua, dijo, esta es una realidad.

Conversar. Para aclarar, entender, entendernos. Imanol aclaró el punto. La realidad no es ingenuidad, la ingenuidad en todo caso es legitimar los móviles, por ejemplo, de los asesinatos de los presuntos delincuentes, dar crédito a las declaraciones del Estado, de convertir en delincuentes a las víctimas para que la sociedad apruebe el abuso de autoridad, la irresolución o la nula investigación en los casos de asesinato desde la policía, desde el mismo narcotráfico.

Subrayar una y otra vez la importancia de la lectura, insistir en los argumentos por los cuales debemos leer a Javier Valdez, a ese periodista que supo que la información que habría de compartir era más importante incluso que su vida.

 

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