Los 54 naipes del rock de Jorge Manjarrez

(Foto: Ada Flores Nava)

 

Pretexto Periodísticos

 

Juan José Flores Nava

En algún lugar debe guardar un elíxir de juventud. Y beberlo de vez en cuando. Hoy, más de una década después de nuestra primera conversación periodística, Jorge Luis Flores Manjarrez sigue idéntico, no cambia: continúa siendo aquel chaval alivianado, generoso, entusiasta, acelerado y ligero de hace diez años. Como los roqueros de sus cuadros, da la impresión de que nunca envejece.

Tal vez porque la vida le ha dado a Manjarrez —que es como se hace llamar este caricaturista casi cincuentón— buenas cartas. O, mejor aún, tal vez porque nunca se ha quejado de las barajas que le tocan y, como todo un profesional del póker, encara la mano de la existencia con los naipes que le tocan. “Solo los amateur o los perdedores se quejan de las cartas”, dice.

Está claro, entonces, que Manjarrez no es ni un amateur, ni un perdedor. Es, por el contrario, un caricaturista que rebasa por mucho los límites de este oficio. Es pintor. Es ilustrador. Es un contador de historias gráficas. Es, incluso, poeta (circula un libro colectivo que lo avala). Y cuando a cada una de esas facetas de su vida le suma su gusto exacerbado por el rock, aparecen obras gigantes como sus murales Un viaje por el rock y Urbanistorias del rock mexicano (en las estaciones Auditorio y Chabacano del Metro de la Ciudad de México) y Woodstock (en el Hard Rock Hotel de Cancún); pero también aparecen obras de formato más pequeño, como sus cuadros de roqueros con los que ha armado ahora su propio Póker del rock, un paquete de naipes ingleses que mientras es arte objeto sirve también para jugar, pues, al contrario de otros que sólo son de colección, no se maltrata debido a la calidad de sus materiales.

Las 54 cartas de esta baraja inglesa (considerando los dos comodines o jokers) están ilustradas con músicos o bandas de rock admirados por Manjarrez. Por los cuatro palos (espadas o picas; corazones; rombos o diamantes; y tréboles o flores) nos vamos encontrando a personajes como un incendiado Jimi Hendrix en el as de corazones, una espectacular Madonna de pechos puntiagudos como reina de tréboles, la imponente majestuosidad de Elvis en el rey de diamantes y los cariacontecidos ingleses de The Who como personajes del cuatro de espadas… Así hasta sumar los 54 naipes.

Eric Clapton, Neil Young, Frank Zappa, Kiss, Janis Joplin, Bob Dylan, Nirvana, The Beatles, Santana, David Bowie, Michael Jackson, Rolling Stones, Sting, Jim Morrison, Nick Cave, Lour Reed, U2 o Patti Smith son otros de los personajes que rondan por este Póker del rock, que ha servido también para montar una exposición homónima que viajará a distintos estados del país, arrancando (durante junio y julio) en el Museo de la Caricatura (Donceles 99, Centro Histórico de la Ciudad de México).

Quizás ese elíxir de juventud que bebe Manjarrez no es otro sino la rebeldía. Lo escribió el buen Eusebio Ruvalcaba hace algunos años: “Jorge Manjarrez es un rebelde que se nutre de la rebeldía. De la suya propia y de la que roba a los ángeles nocturnos. Sus ojos sólo tienen ojos para los rebeldes. Héroes de la incomplasencia de nuestro tiempo y de la música. Los grandes maestros de la rebeldía, que son los grandes maestros del rock, o los grandes maestros del rock, que son los grandes maestros de la rebeldía, brotan electrificados, hechos luz, de los pinceles de Manjarrez.”

Y Manjarrez le da la razón cuando dice: “Me gusta dibujar roqueros porque yo también lo soy.” Sí, lo es, y no porque sepa tocar una guitarra (apenas araña en ella algunos acordes) o componer una canción, sino por su irreverencia. “Siempre he sido el rebelde de mi casa, el que no sigue las normas, el que hace cosas diferentes, el que no tiene un trabajo decente porque se dedica a la caricatura”, me decía hace una década, “pero eso no importa. Hago lo que me gusta. Y cuando uno hace lo que le gusta, lo demás no interesa, es algo que no tiene precio”.

Casi todos los dibujos, los cuadros, los murales de Manjarrez empiezan con una pluma Bic, sobre una libreta escolar. Igual que cuando era apenas un niño y llenaba sus cuadernos con dibujos e historietas que tenían como protagonistas a sus amigos. Ellos buscaban ser cada vez más locos y más osados para ganarse, frente al dibujante, un lugar en sus páginas.

Su gusto por el muralismo arrancó el día en que dibujó, en una pared, al prefecto de su secundaria. El hombre, con toda su autoridad, no tuvo más remedio que esconder la sonrisa y enviarlo enseguida a la dirección. Era tan buena la caricatura, que el director apenas lo expulsó un día. Todos sus compañero lo felicitaron. Es imposible no contar que a los siete años Manjarrez ya armaba obras de teatro: escribía los guiones, montaba las escenografías y hasta elaboraba los boletos que luego les vendía a sus cuates para que entraran a la función. Pero además de las obras de teatro, hacía conciertos de rock en los que con otros amigos “tocaban” a KISS. “Yo era Gene Simmons”, recuerda, “y mis conciertos los cobraba muy barato; además, les regalaba un dulce a cada uno de los asistentes con su entrada. Siempre he estado muy loco.”

Como carrera, Manjarrez optó por cursar diseño gráfico. Y su gusto por la pintura lo llevó a tomar varios talleres. Un día, en uno de ellos, le dijo a su maestra que él lo que quería era pintar como Rembrandt. “¿Cómo puedo hacerle?”, preguntó. Jamás tuvo respuesta. Eso lo orilló a abandonar la enseñanza formal y a empezar a ilustrar, por sí mismo, su propio camino. Un camino que ha puesto su trabajo, desde 1996, en periódicos y revistas como Generación, El Financiero, Unomásuno, La Jornada, Reforma, El Universal, La Mosca en la Pared, Play Boy, Rolling Stone, Emeequis, Código Topo y La Digna Metáfora; un camino que ha ido exhibiendo sus obras en distintas exposiciones por todo el país; un camino, en fin, que ya antes imprimó sus roqueros en el libro El rock ilustrado (“Cuadernos” de El Financiero) y que le ha permitido esperar con ansiedad la aparición, en los próximos días, de su primera novela gráfica: Amar a quemarropa.

Con todo, Manjarrez es un hombre de pretensiones muy modestas, que —como decía Nietzsche al hablar sobre los artistas— lo único que busca es que reconozcan su obra y le paguen lo necesario por ella.

 

* Para obtener información sobre dónde conseguir El póker del rock,de Manjarrez, así como novedades acerca de este caricaturista puede buscarlo por Facebook (Jorge Flores Manjarrez), Twitter (@FloresManjarrez), Instagram (Manjarrez_Art) y en el correo electrónico fmanjarrez@prodigy.net.mx.

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