México vs Portugal, o cómo la dentadura de Ronaldo es suficiente para ver un partido.  

 

Texto e ilustración: Bruno Herley.

 

Sólo veo fútbol cuando juegan grandes equipos, o equipos que anden jugando bien en ese momento. No soy seguidor de la selección mexicana de fútbol, esas ratas verdes hundidas en la mediocridad y agandalle, sólo me gusta mirarlas para apostarles en contra.

El sábado pasado, en la segunda fecha de la Copa Confederaciones Rusia 2017, México inició su participación enfrentando a la selección de fútbol de Portugal y hubiera pasado desapercibido para mí, pero un sms (rareza en estos días de wasá y féisbuk) venido de quién sabe dónde, me avisó sobre el encuentro. Por mera curiosidad me levanté de la cama y encendí la tv.

La primera imagen con la que me topé, mientras me apalancaba unos tacos de birria, es la del paps Cristiano Ronaldo, paseando su dentadura limpísima como un quirófano y su mentón perfecto sacado de un cómic. Al lado de él, los demás jugadores de Portugal sólo eran una comparsa, una mera base para lucir al ídolo en la pasarela, y más allá, los jugadores mexicanos perdidos en la revoltura del estilo no-estilo del director técnico de los “aztecas” (pinchi centralismo cultural culero de las televisoras al llamarlos así. ¿Por qué no los Yaquis?).

Mientras el mirrey de Ronaldo esperaba en la punta de ataque —es el rey, ni pedo—a que sus compañeros hicieran el trabajo y le pasaran la bola para empujarla a la portería, los jugadores mexicanos iban y venían como ratas atolondradas, aunque hubo momentos en que mantenían el balón, parecía que sabían jugar, parecían futbolistas. Los narradores de la tv cambiaban de opinión a cada rato, sujetos a los vaivenes de un juego que poco a poco se volvía acartonado, Luis García con su tonillo argentino, Martinoli con sus chistes gachos y el ostracismo verbal de Jorge Campos (¿estaba ahí?).

Y llegó el gol. De un pase realizado desde una de las bandas a Ronaldo, éste se llevó el balón como cuchillo ardiendo sobre mantequilla, dejando atrás a la defensa mexicana y exhibiendo la deficiente condición física de éstos, para después hacerse bolas con el esférico frente a la portería y recapacitando rápido, pasando el balón a un jugador X de su selección, el cual sólo lo empujó ante los ojos atónitos y reacción a destiempo (¿cuándo no?) del guardameta mexicano (es un decir, después de lo sucedido con Chile), refugiándolo donde las arañas hacen su nido. Este primer gol lo comparten el jugador estrella portugués y la mediocridad y miedo de los defensas mexicanos: el jugador mexica, con el número 5 en la playera, se le veía la cara de admiración por el papu Ronaldo, tanto, que nunca se acercó a encararlo, prefirió levantar el culo y dar saltitos hacia atrás. No sé qué clase de maniobra futbolera es ésta, pero es muy común en la selección mexicana antes de que les anoten.

 Llegaría otro gol. Los seleccionados mexicanos, con su tronco estrella, el mentado Chicharito, lograron empatar el marcador, para salir corriendo a festejarlo, como si hubieran ganado la copa mundial; aun así, Ronaldo pesaba en el ambiente, en algunas televisoras estaban más preocupados por la deuda de la máxima estrella del Real Madrid con el fisco español.

Vendrían dos goles más, igual de simplones, anotados por no sé cómo se llame y por a nadie le importa. El partido ya traía una languidez soporífera, donde Portugal exhibió su dejadez y hueva, y México, como siempre, exhibió su desorden y bipolarismo futbolero, con jugadores que hacen más alharaca porque fueron contratados por clubes europeos de medio pelo que a jugar profesionalmente. Tal vez, el Son muy malos, dicho por Ronaldo al salir de los vestidores, era una referencia a los troncos/ratas locas mexicanas, y si fue así, no estaría tan errado.

Mientras tanto, el director de los “aztecas”, el colombiano de apellido Osorio, seguía jugando a mover a medio mundo de un lado a otro; si de por sí, los jugadores de la selección son apocados y malos, aplicando esa forma de jugar sale peor en paquete, ejemplo: 7-0 contra Chile. A pesar del empate con Portugal, amenaza con más para el siguiente partido. Pareciera que Osorio tiene la idea de la transversalidad entre ajedrez y fútbol, puede que la idea funcione, pero no con el tipo de jugador mexicano: huevón, parrandero, mujeriego y jugador.

Y por fin terminó el partido, la suerte estuvo de lado de los jugadores mexicas, empataron y, de costumbre, lo celebró a río suelto su dueña, la omnipresente (casi, porque ya anda tronando) Televisa. Esperamos que no se topen con los verdugos chilenos, porque si es así, le pueden meter la verduga de nuevo.

Lo único que queda es darles tres hurras a las ratas verdes y a que Televisa saque buen dinero para ir pasándola (no es para menos con la madriza que sufre por el streaming):

¡Hip! ¡Hip! ¡Hurra!

¡Hip! ¡Hip! ¡Hurra!

¡Hip! ¡Hip! ¡Hurra!

 

Apuesta: si la selección mexicana de fútbol llega a la final, prometo tomarme un caguamón a salud de ellos.  Si no, no :´(

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