La peña canta una canción

 

Foto de Javier Cinco

 

Carlos Sánchez

Para que escampe. Y si no, para que la lluvia nocturna se convierta en paisaje desde el interior, detrás del ventanal.

Para que nos llenemos de contento, para corear, para escuchar. Y bailar.

Leticia Servín y su voz potente. La sutileza estética en el cuerpo, chiquita, con su mirada en el más allá. Gerardo Peña el del estilo sensual, erótico, al momento de interpretar. Es, el de las rolas que proponen identidad. Poesía elocuente.

Es también, el artífice de Noches de Peña en el Está Cabral: espacio por antonomasia un albergue de la cultura alternativa en nuestra ciudad. También hay vino, guacamole con totopos. Cerveza fría, gente cercana.

Ocurrió anoche, como apertura de esta gala que se pretende sea mensual, la presentación de Leticia Servín, una chava trovablujazzera oriunda del de efe, avencindada ahora en Jalisco.

Estábamos desde tempra, con el deseo de verlos llegar. Las conversaciones como un preámbulo, la llovizna como una postal.

Se hizo la machaca, guitarra en mano el Gerardo a quien le decimos El Méñe, presentó los argumentos del encuentro, advirtió que será de manera regular la convocatoria y luego se puso a cantar sus rolas.

Son las morras, también Provinciano, Quizá tal vez. Una tras otra, con la habilidad que dan las tablas, el bagaje para resolver los imprevistos del espacio que se improvisa debido a la lluvia que es regocijo.

AL rato Leticia Servín. Híjuela. Nomás asomar su canto, con una rola dedicada a Dante, su hijos, la baba cayéndosenos. El manejo de voz, las tonalidades, el rasgueo y el sonido que emana. A la bestia.

Zenón Tiburcio es arquitecto, a todas luces demuestra que ama la música. Pude mirar su reacción, la abertura de sus ojos a punto de abandonar sus cuencas. De pronto sus manos tocando su rostro, reacción de júbilo, como si no diera crédito a tanto talento. Como si se preguntara: ¿lo que veo y escucho es real?

También así lo sentí, así lo sentimos.

Más al rato, antes de la media noche, se hizo el dúo Peña Servín. Dos adoradores del oficio conspiraron para empatar el talento, rolarlo, ahí te va, cáchalo, y cayó entre nosotros.

La garra es un acontecimiento natural. Intrínseco. Cantar podemos hacerlo todos. Pero siempre será mejor si como guía tenemos los versos hechos y dichos por quienes ejercen la vocación de la escritura de rolas.

Aplaudir suena a veces non grato, como un rubor en las mejillas, porque para qué el ruido desde las manos. Anoche los aplausos tuvieron esa intimidad que brinda el espacio, tuvieron también la teoría de que la gratitud es inercia cuando lo que se consume nos hace crecer el corazón.

 

 

 

 

 

 

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