Conferencia sobre la lluvia

 

 

Carlos Sánchez

Un actor también es un juglar. Cuenta la vida, cuenta la muerte. Cuenta la trascendencia de la lluvia, por ejemplo.

Cuenta con el cuerpo, cuenta al gesticular, cuenta con su voz. Cuenta incluso en sus silencios.

Arturo Beristáin, actor de la Compañía Nacional de Teatro, visitó el Teatro Emiliana de Zubeldía, en el marco del 13º  Festival de monólogos: Teatro a una sola voz con el monólogo Conferencia sobre la lluvia,  dramaturgia de Juan Villoro. Beristáin desenvuelve a  un bibliotecario como personaje.

Escenografía: minimalista, un escritorio, una silla, algunos libros, un vaso de agua. Iluminación: la que se requiere para generar atmósfera y sugerir transiciones en el tiempo. También el atino de apuntalar el drama dependiendo del tema e instantes que se cuentan. La música: ¿qué sería de nosotros sin ella?

El actor apoyándose con un micrófono. ¿Y por qué no, puristas de la escena? El público, créanme, lo agradece.

Se la rifan los organizadores (Universidad de Sonora), la productora de la obra, los que nos señalaron a los espectadores que cero celular. Una y otra vez hasta que nos despojamos de la adicción de la pantallita esa que nos perturba a cada instante.

Así la puesta se desarrolló de manera óptima. ¿Qué nos cuesta, pues?

Con los sentidos dispuestos, el bibliotecario que modificó de manera espontánea el curso de la conferencia, nos encaminó a un mundo donde la pasión significa la existencia de los libros. Atisbo no menos importante la presencia de Laura, aquella chica que apela a la existencia de una sola felicidad, no dos, una sola felicidad.

Soledad se llamó la que antes fue su esposa. A cabalidad su destino como una condena del nombre.

La lluvia, el tema es la lluvia, fenómeno magnánimo que nos visita en el interior del teatro, ante la elocuencia, la mirada certera del bibliotecario que nos seduce y genera necesidad de una sombrilla para guarecernos y permanecer en cautiverio de sucesos que describe y vive, vivimos.

Los libros, la recurrencia de ese fenómeno también magnánimo. Autores y citas. Nadie ni siquiera la lluvia, el verso de Cummings. Otros más: José Emilio Pacheco, Eliseo Diego, y una nómina cuasi interminable.

Una lección, un repaso, la síntesis, un ensayo, una tesis de doctorado con mención honorífica. Una clase de literatura. Un monólogo que de pronto deja de ser una puesta y se convierte en la realidad inmediata. Está allí, sucediendo y el espectador que se deja llevar, o no es que se deje, entra en el laberinto de la tormenta que es también la palabra, esa que nos salva o nos condena y nos transforma.

Cuánta verdad ocurre en Conferencia sobre la lluvia. Cómo la emoción nos resuena dentro del pecho desde el primer instante donde ya la luz cae sobre la humanidad del actor, de su escenografía. Esto es el teatro: un espacio donde morimos del futuro y el pasado para consagrarnos de catarsis en el presente. Estamos aquí.

Ahora escribo porque deseo un día volver a estas palabras y reiterar la verdad de la puesta, como un regalo inmarcesible en la memoria, acontecimiento que  quedará para siempre. Lugar donde habré de encontrarme de nuevo con los momentos cruciales en la vida de un bibliotecario. A veces es mejor no enterarse.

Reseñar me es necesario, la intensidad certera del actor. ¿De qué estás hecho, Beristáin? ¿Cuándo fue que te trepaste por vez primera a un escenario? ¿Por qué no te había visto antes? ¿Dónde estabas tú mientras yo corría en la calle detrás de la vida?

Ahora sé de tu existencia. Y después de verte me he vuelto a casa, bajo la lluvia, con un sentimiento de gratitud en el corazón. Con una lista amplia de preguntas, con muchos cuestionamientos ¿sobre cómo serán los años venideros, en qué escritorio, ante qué gato conversaré mi tercera edad, de dónde nace y cómo se desarrolla tanta ternura hacia las páginas de un libro?

Y te juro Arturo, que me despido de este texto con la impotencia de no acercarme ni por asomo a decir lo que realmente he querido decir, pero es que es tanto lo que acontece ante y después de tu monólogo, que las palabras se me esconden. Me da pavor quedarme en el solo garabateo, no obstante digo lo que puedo.

Ojalá la vida nos haga coincidir de nuevo, en el interior de un libro, en la butaca de un teatro, en la sorpresa nostálgica y feliz que es la lluvia.

 

 

 

 

 

Entradas recientes

Categorías

mambo Autor: