De enfermedades inconvenientes y ganas de masturbarse.

Foto: Pina Saucedo

Texto: Bruno Herley

 

Hay temas en el sexo que suelen causar cosquillas y uno de ellos es el de la masturbación, más cuando se toca teniendo pareja, como si estuviera prohibido realizarla, ya que hay con quién desquitarse. El otro, es las enfermedades de transmisión sexual, ese secretito que va desde las ladillas hasta el sida y que muchas veces sólo tienen derecho a saberlo las amistades.

Estos temas fueron lo que presentaron un grupo de jóvenes anclados en el teatro y que, a iniciativa propia, decidieron aprovechar las vacaciones para presentar dos obras: “Me voy a masturbar”, de Diego Castañeda y “Una enfermedad inconveniente” de Héctor Mendoza, ambas dirigidas por Paola Giselle Almanza, estudiante de la Licenciatura en Artes Escénicas en la Universidad de Guadalajara, acompañada por Kevin McLaurin, estudiante de la Licenciatura en Artes en la Universidad de Sonora, Maritza Grisel Medina y Xavier Camacho, los dos, alumnos de preparatoria, pero con una fuerte inclinación a la actuación.

El clima en el patio de la Casa de la Cultura Edmundo Valadés en Guaymas, Sonora, fue una burbuja húmeda y caliente, daba señales de una tormenta que llegaría horas después, inundando al puerto y sacudiendo decenas de anuncios de negocios desaparecidos. El sudor perlaba los rostros, resbalaba desde todos los rincones del cuerpo. Camisolas y blusas lucían empapadas desde las axilas hasta la espalda. A pesar del clima y una señora con su niño emberrinchado que entraba y salía del recinto, hubo lleno total, por segunda ocasión, de la puesta en escena.

En la primera obra, “Me voy a masturbar”, protagonizada por Kevin y Maritza, tuvo un inicio que espanta las moscas a cualquiera. Los dos actores aparecen detrás de una sábana colgada en una pequeña estructura que simulaba una cama. La mano del personaje masculino subía y bajaba debajo de la sábana. A pesar de mencionarlo, siento que la representación de la masturbación pasó de la enjundia al placer, e hizo que más de cuatro tragaran saliva o sonrieran tímidamente. El personaje femenino se preguntaba sobre el acto y si habría algo mal en la relación amorosa, es el momento en que la obra pasa por un monólogo mental, el cual realizó Paola con micrófono en mano, interrumpido, en algunos momentos, por diálogos entre los personajes. La obra transcurre de manera rápida, tratando con ironía el derecho a masturbarse de una de las parejas.

La segunda obra, “Una enfermedad inconveniente”, aparecen los jóvenes de la primera y Xavier. Los tres desarrollan un tema sobre el secreto de las enfermedades en relaciones sexuales esporádicas. Los diálogos se canalizan a partir de lo coloquial y llevan una carga de humor ad hoc para adolescentes y chavorrucos. Sin caer en lo panfletario, tiene un mensaje de salud para los jóvenes.

Montadas de manera sencilla, con los elementos necesarios para desarrollar la trama, el par de obras, cortas en duración, tienen la magia de la sencillez, una excelente forma de crear público para teatro, sobre todo adolescente. Es una idea que nació a partir de expandir la experiencia y aprovechar el tiempo libre de las vacaciones.

¡Mucha mierda, muchachos!

 

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