Arte en tu barrio

 

 

Carlos Sánchez

Verlos allí, congregados detrás de un balón, jugando a ser felices. Contemplarlos como espectadores frente al desarrollo de una obra de teatro donde actúan sus amigos compañeros de barrio.

Mirar hacia la derecha y toparnos con la exposición de arte plástico (el trazo inocente, la frescura del impulso) que emanó desde su creación y se exhibe en contexto de la misma cancha donde se reúnen a jugar.

Tener en nuestras manos una plaquette que incluye dibujos, textos, de la autoría de los participantes del taller.

Estos son los saldos del interés puesto en el otro. Repartir la alegría de crear, informar a los niños-jóvenes-padres que el arte es la herramienta imprescindible para un mejor desarrollo humano y social.

Esta es la idea de Andamios Teatro, la casa por antonomasia constructora de sueños. En esta casa habita Hilda Valencia, la maestra, y un puñado de cómplices que hacen del arte la vitalidad y una esperanza para los morros del barrio, el cerro que son Las pilas, La matanza, La hacienda de la flor y puntos circunvecinos.

Pues ocurrió aquí, en el Cerro de la Campaña, el barrio. Nos dimos cita en la cancha y fuimos testigos de la alegría que otorga la creación fusión con el futbol donde se pitó la final de un torneo estratégicamente organizado para integrar a los chavalos. Hacerlos partícipes del calor de las vacaciones y del arte como un pasatiempo que deja huella. Para siempre.

Hilda y sus compañeras (os) son tesoneros. Creen en la reivindicación del ser humano, y creen que el arte es la vía más perfecta. Por eso se tienden al barrio, levantan la voz, convocan, ejercen.

Consiguen recursos, se acercan a las instituciones, el objetivo: regresarle a la sociedad un poco de lo que les pertenece.

Y así van por la vida, tocando de instantes felices a quienes caen en las garras del arte.

Hemos visto una y otra vez la felicidad inscrita en los rostros de los muchachos. Hemos sido testigos del montaje de una obra, y de otra y otra. Y los protagonistas son estos que un día pasaron por las instalaciones de Andamios y se atrevieron a preguntar ¿qué pasa allí adentro?

O bien, Andamios mismo visitó al barrio, tocó a las puertas de sus vecinos, les informaron a las familias qué significa hacer taller, para qué sirve el teatro, cómo se construye una obra.

Y así el desarrollo de los proyectos donde la apuesta es trascender la calle, aprovechando ésta misma y el conocimiento que de ella emana. Integrar a los morros y proveerlos de herramientas para enfrentar el monstruo que es futuro.

Conmueve la realización de este taller Arte en tu barrio, emociona verlos existir y saber que los mismos participantes pintaron la cancha, sembraron árboles: amar y proteger su espacio, su identidad.

Todo esto ocurre, insisto, de la mano de esta nobleza que significa Andamios. Y sus integrantes.

Esa tarde de jueves, y en programa de clausura, en pleno vientre de la cancha y el barrio, vivimos la energía del murmullo. La presencia de un programa por demás alentador: entendimos qué si el arte está a la mano, la raza nos seguirá el rollo y así la construcción de espectadores, actores. Gente feliz.

 

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