QM/Retro: El profundo sentido del arte

 

Carlos Sánchez

La premisa es encontrar. Si uno asiste al teatro en sábado por la tarde debe ser porque le damos un impase al estruendo de la vida. Queremos, tal vez, sentarnos en la butaca para ver qué ocurre en el escenario. Queremos encontrarnos con nosotros mismos.

Porque, qué es la reflexión si no un exhorto a lo que hemos vivido. De dónde nos agarramos temas para el análisis si no de los años de andar de libro en libro, de función en función, de ociosidad incluso en horas previas al amanecer. Salud con una caguama al viento y la plática sobre el asalto del Rorro al expendio de la calle río abajo.

Contemplar con todos los sentidos. Sin más pretensión que disfrutar o disentir. Coincidir.

Por eso he ido al Teatro de la Ciudad de Casa de la Cultura, haciéndole una seña obscena al marketing televisivo que urde funciones de box enajenantes.

Quiatora Monorriel (compañía que dirigen Evoé Sotelo y Benito González) hace un recuento de sus veinticinco años en la propuesta de danza contemporánea. QM/Retro se denomina el programa. Y resulta que ya instalado en la sala (con solo estar allí es que se inicia la magia en mi interior: el murmullo de la raza, la excitación que significa el instante previo al qué será lo que veremos) de a poco me entero-reitero del talento de la compañía que convoca.

Porque ocurre que no es solo danza en vivo lo que estamos viendo en QM/Retro. Ocurre que también el programa incluye un recuento de los años de andar en la creación, con testimonios en un audiovisual, de especialistas en el tema, conocedores que son autoridad y que exponen sus conclusiones respecto de algunas coreografías de Quiatora o de su trabajo en general. Un reportaje por demás aleccionador.

Hay tiempo también para el divertimento cuando un espectador habla de varios instantes de encontrarse con Quiatora, lo hace con desparpajo y con la emoción a tiro de palabras.

Imbricar el pasado con el presente, incluir en voces un recuento de la historia de la compañía, es el más lindo regalo para la educación sobre danza. Entender los términos de la disciplina, saber que la contención del movimiento también es bailar, por ejemplo, se me vuelve una revelación.

En cada una de las exposiciones de los entrevistados, como espectador uno va adquiriendo herramientas que seguramente en ocasiones venideras, ante otras coreografías, las empleará al momento de contemplar. La mirada tendrá otras perspectivas. He ahí lo oportuno de este concepto de propuesta de celebración en QM/Retro.

La reposición de diversas obras coreográficas, en fragmentos, están allí, los primeros pensamientos dichos en movimiento, también los vemos, a través del registro del video. Cuán nostálgico se vuelve el programa ante el rescate del filme cuya textura nos sabe a persistencia. La convicción de saber para qué se ha venido al mundo. Y existir la danza.

¿Qué se necesita para extraer desde el archivo una pieza coreográfica y dirigirla, lograrla, con bailarines jóvenes, los que ahora andan en la escena? ¿Cuánto cuesta volver a lo que se amó y se ama? ¿Qué pasa por la mente y la emoción de un creador ante la reposición de una idea que surgió hace más de veinte años?

Quizá nunca se nos revele el misterio. Lo que sí se nos revela es la transmisión de energía y entereza para con los que ejecutan las piezas repuestas. Lo hacen con la frente en alto.

Y nosotros convertidos en la gratitud que se manifiesta en un aplauso. O muchos.

Las piezas que integran esta retrospectiva son: Viva (fragmento, 1992), Verde del Avispón Verde (1993), Tápate un ojo (1993), Dorita mala (fragmento, 1994), Aleación andrógina (1995), Día de azulejos (1997), Dagobah(2001), Sombrero de cinco picos (2002), Nico (fragmento, 2003), Paisaje para Evoé (2009), Metabolisma (2014) y Estoy cansancio (1992).

La pieza de cierre en QM/Retro, no pudo ser mejor para un fin de semana donde la premisa es encontrar. Encontramos entonces la felicidad manifiesta en colores, en jovialidad, en sonrisa de bailarines que pasan la mayor parte de su vida en un salón para en unos minutos, ilustrarnos la vida a través de su energía. Bendita capacidad.

Bajo la dirección y coreografía de Sotelo y González, participan los bailarines Marcela Armenta, Estefanía Iglesias, Mario Lagarda, Cristina López, Andrea Lisi Mayoral, Jorge Motel, Kenia Noriega y Javier Tapia, con el diseño de iluminación a cargo de Mauricio Ascencio y Nicolás Rivera.

Al salir del teatro el viento nos matiza de mayor color la sonrisa. Algo resuena en la conciencia, un tarareo nos incita al movimiento en automático. Volver a la ciudad siendo otros. Porque después de la danza nada es igual.

 

 

 

 

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