El cine para mí es fundamental, no podría vivir sin él

María Diego Hernández

 

Carlos Sánchez

La pasión como un motor. Encender y andar. Si las circunstancias para ejercer la vocación son adversas, pueden resultar un estímulo al momento de crear.

María Diego Hernández visitó Hermosillo para compartir una conversación, ante jóvenes, sobre la construcción de guion. Lo hace con la experiencia que su viaje por el oficio ha ido acumulando.

María estuvo en nuestra ciudad y fue espectadora de La habitación, (guion de su autoría) película que se proyectó a manera de inauguración de la semana de Cine en tu Ciudad 2017, que organiza IMCINE en coordinación con Instituto Sonorense de Cultura y Secretaría de Cultura.

Poco antes de que el reloj marcara el instante de andar hacia el aeropuerto, luego de concluir su conversación sobre guion, María atendió esta conversación:

–María, hay un arduo camino en tu carrera, en tu capacitación, ¿qué significa para ti venir a Sonora para repartir el conocimiento?

–Para mí es sumamente emocionante, estaba nerviosa, estuve nerviosa los días previos pensando mucho entorno a esto: la plática sobre guion cinematográfico, sobre la película. Me emociona porque yo ahora estoy del otro lado pero también estuve del lado del que están ahora estos jóvenes y siento que ha llegado un momento en que sí tengo un background que he ido acumulando a lo largo de batallar, de picar piedra, de conocimiento, y que es bueno que yo lo pueda compartir de la manera más sencilla, sin tantas complicaciones, sin pose, para que los jóvenes puedan aprovechar algunos puntos de los que dije y les ayude para empezar a plantear historias si lo que quieren es escribir.

–¿Cómo es que se fecunda en ti esta necesidad de escribir para cine?

–Crecí con muchas imágenes, crecí con la radio y la radio es un instrumento, una herramienta que te impulsa a crear imágenes, a imaginarte lo que estás oyendo y que te están narrando. Y luego el cine, soy de provincia, tabasqueña, crecí con el cine, con el buen cine, fue una época a finales de los sesenta, principios de los setenta donde se exhibía muy buen cine, grandes directores estaban en las carteleras de los cines en Tabasco. Y veía de todo, crecí viendo películas de Capulina, de Tarzán, la primera película que vi fue la de Pulgarcito, y para mí fue realmente sorprendente, yo no podía creer que eso existiera, fue la gran revelación.

Después vi una obra de teatro: Blanca Nieves, y no se me olvida porque yo no podía creer que en el teatro, frente a mí, hubiera personas representando a estos personajes, se me hizo absolutamente mágico. Yo no sé si esto se trae en la sangre o qué, si te lo da el ambiente donde creces o de dónde viene esto, pero es una cosa realmente de pasión, el cine para mí es fundamental, yo no podría vivir sin el cine y muchas de las cosas que yo veo, las historias, siempre me las imagino en función del cine, en función de programas de televisión en este momento, pero de ficción, en las series. Siempre es como ficcionando que yo me imagino, ficcionando en imagen, me encanta, soy una buena lectora, pero una novela no sé qué tanto podría escribirla, lo voy a intentar, porque todo lo que hago lo hago en función de las imágenes.

–Cuando una idea te aprisiona y surgen las obsesiones, ¿cuáles son los objetivos que te trazas para dirigirte al espectador, visualizándolo como una producción cinematográfica.

–No es arrogancia ni mucho menos, yo no sé si otros autores sí piensan mucho en el espectador, pero es tal la inmersión en la historia cuando estoy trabajando, que no pienso en espectadores, mi intención última y mi desesperación grande es tratar de que lo que quiero expresar sea de la manera más clara, que me convenza, que esté lo mejor estructurado, no pienso en concreto en espectadores o en una sala llena. Después te cae el veinte de que esto es una etapa que seguirá todo un proceso y llegará al guion que es una etapa transitoria, y va a terminar en una película, y ahí viene también la sorpresa, cuando ya ves la película y los personajes que tú te imaginaste, que son tus hijos, que son algo que te sale de adentro del vientre, del alma, del pellejo, de la imaginación, del subconsciente, ¿de dónde vienen estos personajes?, bueno, ahí están. Y luego se unen otros personajes y otras personas, otros creadores a tratar de meterle al guion.

Yo he comentado que el cine es como una paella, es la sensación que tengo, el guion está, pero un guion no ha cumplido su cometido si no se hace película, y para que se haga yo necesito equipo, cámaras, sonido, luces, un director, actores, arte, edición, todo eso.

–Aurora Clavel dice que el cine es el mejor embajador de nuestro país. No obstante, hay poco apoyo, incluso para distribuir una película es complicado, sin embargo, en México, se genera cine de calidad. ¿Esta precariedad se vuelve también un incentivo?

–Yo creo que si uno va a escribir lo hace en las condiciones que sea. Hay quien sostiene que hay que evitar el confort, y yo creo en eso. Cuando uno tiene una situación resuelta, uno se confía. La habitación yo la escribí en condiciones de carencia de tiempo y económica, porque ganaba poco, en ese momento tenía un negocio particular y no nos estaba yendo bien, y tenía poco tiempo porque tenía que atender el negocio, y sin embargo yo tenía una necesidad profunda de escribir. ¿Por qué razón? Porque estaba también inmersa en un trabajo que terminaba siendo enajenante y para mí lo importante era buscar algo creativo que diera cauce a una serie de emociones y de sensaciones y de necesidades personales, y en este caso no era jugar tenis, ni ir a nadar, ni jugar beisbol, la necesidad era escribir. Creo que cada quien busca una salida, y la salida que yo necesito es escribir, a veces leer, oír música, ver series de televisión, ver ficción.

Siento que uno debe escribir y puede escribir en las condiciones que sean necesarias. Yo ahora en mi trabajo estoy rodeada de gente, sin embargo, recuerdo que una compañera me dijo cómo puedes trabajar en medio de tanta gente, le dije: eso pensé cuando llegué, sin embargo a todo te adaptas, te pones audífonos, pones música a todo volumen, pones a Wagner, a Verdi, a Bob Dylan, pones a Morrison, música del Tíbet, y con eso te concentras, uno busca las condiciones para poder trabajar, pero sí hay una parte que está convencida que si hay una zona de mucha resolución de problemas uno se va alejando y creo que si conviene estar a veces con los pies en el suelo y decir esto no es nada seguro, no es un trabajo seguro, no es un sueldo seguro, tengo que escribir escribiendo porque hay una necesidad personal, sobre todo, más que económica, y si viene después lo económico como recompensa, excelente.

Siempre he trabajado, creo que he tenido una ventaja, y no sé si sea la providencia, la vida, el destino, pero siempre me ha llevado a escribir, y no lo he buscado tanto, pero el destino me ha llevado y termino haciendo los guiones, soy muy trabajadora, muy disciplinada, y siempre ando sembrando, uno tiene que escribir y escribir y la inquietud y la ansiedad y la emoción y la pasión por esto desemboca en seguir escribiendo, y cuando uno cree que aquello que está ya olvidado, una historia, por allá alguien te mueve y te dice me interesa esa historia.

Uno tiene que seguir haciendo lo que uno ama. Eso es lo importante.

 

 

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