En la creación dramatúrgica me siento en paz, es mi remanso

Alejandro Román

 

Carlos Sánchez

El personaje se llama Alejandro Román. La obra transcurre en el interior de un taller de pintura, en el momento posterior en el que el personaje ha impartido un curso en su primera sesión: la instrucción de cómo hacerse de herramientas para fluir en la construcción de un texto dramático.

Alejandro Román es escritor, de unos cuarentaipocos años, que tiene como costumbre levantarse a correr por las mañanas, o por las tardes, luego de una ducha se pone a escribir. Escribe como desaforado, lo atestiguan sus obras publicadas, sus múltiples premios.

Las características emocionales del personaje son la humildad, la alegría, también hay en su mirada un rictus de añoranza. En el momento de iniciar la obra, donde un reportero le solicita una entrevista, Román luce cansado, pero en contraste: feliz. Con una cerveza en la mano, Alejandro brinda sin brindar, solo a intervalos de la conversación se avienta un sorbo, y otro. Al final de la obra destapará una cerveza más, aduciendo que es Sonora, que hace calor, que se requiere un refresco, o dos, como incentivo para aguantar el calor.

El reportero aparece en segundo plano, de pie, mientras Román sentado sobre un banco atiende las preguntas. La primera interrogante que se asoma es sobre los motivos de su visita a Hermosillo, que se da en contexto de Teatro Breve en su tercera edición.

–He venido a Hermosillo a impartir un taller que yo he denominado Teatro de hiper narrativa y adaptación de textos a teatro documental e hiper narrativa, es decir, todo aquel que tenga desde una nota periodística, una fotografía, una idea, un poema, un cuento, que quiera adaptarlo a una plataforma escénica, yo les estoy compartiendo las herramientas que a lo largo de los años me ha costado ir encontrando, ir afinando, y que me he dado cuenta que estas herramientas funcionan ya en el momento de confrontarlas al espectador. Nada más es compartir lo que he ido encontrando.

El teatro que escribo se caracteriza por ser un teatro documental en su mayor condición y justo son de los temas que estamos abordando. Como todo mundo ya hace lo que se le da la gana, y los géneros en el teatro ya es algo que caducó, he adoptado una manera de expresión, un estilo propio, una voz muy personal, y sin ánimo de esa voz llamarla un género, es un estilo y lo he denominado hiper narrativa, la hiper narrativa se entiende en dos factores. (Aquí el personaje especifica) En el lenguaje de la informática es todo eso que sucede en una página. Cuando tú abres por ejemplo el youtube y estás viendo que en un lado hay un botoncito que te abre una liga hacia otro lado, hay una ventana que te está pasando otra cosa, abajo hay un banner, hay una serie de ligas que te van abriendo otras ventanas hacia nuevas maneras de entender una historia o una obra de teatro.

En la literatura tenemos a Cortázar, no es nada nuevo, el mismo Quijote es un ejemplo de hiper narrativa: la historia dentro de la historia, dentro de la historia. Es lo que hago en estos poemas dramáticos que escribo. En estas herramientas que he ido afinando y en las que he ido encontrando afortunados puertos donde las historias convergen, pues quiero compartirlos. Además, porque yo creo mucho en el proyecto de Teatro Breve.

Cuando vine, el año pasado, fui testigo de unas obras de teatro muy bien escritas, yo admiro a la gente que hace Teatro Breve, es una chinga, yo escribí una obra para esta edición, pero la habilidad de síntesis y condensar en menos de quince cuartillas, una historia entrañable, interesante y que además toque la fibra del espectador, es difícil, entonces yo vi muy buenas obras, con muy buena factura. Y nada, yo no vengo a enseñar nada, vengo a compartir lo que he encontrado y me ha servido, si alguien ve por ahí que le sirve, pues que lo tome.

Los integrantes del taller están muy receptivos, y es muy interesante ver que no solamente hay público de una sola disciplina, hay gente de danza, de literatura, actores, gente interesada en escribir dramas.

–Habiendo una gama diversa de géneros literarios, ¿por qué elegir la dramaturgia para contar la vida?

(Alejandro Román recuerda su pasado. La mirada más que ponerse sobre el techo, la duela, o los espectadores, viaja hacia su interior).

–Desde niño empezaba a escribir cosas, desde los siete años hice mi primer librito, a los catorce escribí una novela que por ahí está, y cuando estaba en eso llegó el teatro a mi vida, me di cuenta que las inquietudes expresivas que tenía guardadas en ese espíritu creativo, eran perfectamente posibles a través del teatro. Yo empecé primero como actor, estudié la carrera de actuación, pero antes de estudiar tenía claro que quería escribir, siempre escribo, diario, hace rato escribí, todos los días escribo.

En otro tiempo de mi vida dirigí y actué, durante todo ese tiempo escribía, me di cuenta que soy mal actor, hay que ser honesto con las limitaciones que uno tiene en la vida, y me di cuenta que soy mal director, entonces dije: nunca vuelvo a actuar ni a dirigir. Pero siempre yo me sentí muy cómodo, independientemente que ha habido la rectificación de lo que escribo en la escena, yo en la creación dramatúrgica me siento cómodo, en paz, es mi remanso, siento que no soy de otro sitio más que de ese momento creativo, sin embargo, tengo muchas ganas, desde hace tiempo, de entrarle duro a la novela, es un género al que necesito entrarle.

 

En la noche sí te viene la locura, el demonio, pero la lucidez es en la mañana

 

–¿Cuál es tu sistema de trabajo, cuáles son las dinámicas, hay una hora del día en la que prefieres escribir, y cómo vas escribiendo, te documentas o dejas que fluya la obsesión?

(En este momento de la obra, algunos murmullos habitan la escena. No obstante, el personaje que es el entrevistado, apunta siempre sobre sus ideas. No hay desconcentración).

–De entrada, no creo en la inspiración, no existe, te tienen que agarrar las musas chambeando, y si no llegan, tienes que jalarlas de las greñas. Es de oficio. Me gusta escribir y lo hago siempre en la mañana. Me levanto a las cinco, seis cuando muy tarde, y a darle, porque a esa hora los neurotransmisores están más lúcidos, más limpios que en la noche. En la noche sí te viene la locura, el demonio, pero la lucidez es en la mañana, a esa hora nadie está despierto, nadie te está molestando, el mundo es tuyo. A esa hora me encanta escribir, le doy dos tres horas y avanzo mucho. Los fines de semana, en Morelos, avanzo bastante durante el sábado, que son los días que escribo más.

Regularmente yo corro, y ahí los neurotransmisores se activan, me vienen muchas ideas, y el proceso siempre es que tardo más haciendo la investigación, documentándome con todo lo relacionado a los personajes, no solamente pues de la nota como tal, del hecho histórico, sino cosas como la geografía donde está el personaje, la flora y fauna del personaje, todo eso lo voy recolectando, y a veces pueden pasar dos meses en ese proceso, pero ya cuando empiezo a escribir la obra la hago en diez días o quince máximo, pero lo que me costó trabajo fue estar en todo el universo del personaje.

Escribo rápido, porque ya cuando estoy bajando y leyendo, ya se está escribiendo, ya nomás es vaciarlo, porque ya me está hablando la nota, el artículo, el pueblo donde vive, ya me está diciendo todo, ya nomás es transcribirlo, porque la historia ya la sé. Mis obras son notas periodísticas, la mayoría.

–¿Dentro de tus obras escritas habrá una que te venga de facto a la memoria y digas, esta obra creo que me quedó bien? Entiendo que a veces es difícil calificar el trabajo, pero también a veces es importante despojarse de la modestia y reconocer que hay un trabajo, un esfuerzo.

La muerte de la virgen es una obra que me fue dictada, casi, casi. La muerte de la virgen, y Los fusilamientos, esas dos, tal cual. Todas son la deconstrucción de cuadros, La muerte y la virgen, así tal cual, es el título de un cuadro de Caravaggio, y habla de la historia detrás de la muchacha que aparece como virgen en el cuadro y que en realidad es una prostituta muerta que encontraron en el río Tíber, y había sido modelo de Caravaggio. Investigué mucho sobre la época de oro de los bastardos en el vaticano, en el concilio de Trento, cuando todos los obispos y toda esa camaradería del vaticano de dedicaban a hacer esas orgías inmundas y en uno de eso bacanales matan a esta chava y la tiran al río Tíber, y la contrapunteo con casos de feminicidios contemporáneos, uno en la ciudad de México y otro caso de brutalidad en ciudad Juárez, instrumentado por una chavita que mató a sus padres adoptivos. Aparentemente esto no tiene nada qué ver, pero el azar me fue poniendo vasos comunicantes entre estos tres universos y es una obra que me gusta mucho.

En Los fusilamientos también tiene encuentros afortunados donde el azar me puso cosas muy fuertes. Uno cuando escribe tiene que estar atento al azar, lo que te va poniendo, y eso utilizarlo en favor tuyo. Por ejemplo, yo estaba en pos de hacer otra obra sobre cuadros, traía la obsesión de hacer la deconstrucción de un cuadro de Goya, andaba yo por el Museo del Prado, justo en los tiempos en que sucede la noche trágica de Iguala, de los cuarentaitrés. Entonces veo el cuadro, inmediatamente viene esa imagen a mi cabeza, la de los cuarentaitrés, pero también viene a mi cabeza Tlatlaya, y entonces decido ir al lugar donde ocurrieron los fusilamientos que plasma Goya en su cuadro, y es en las faldas de la Montaña del Príncipe Pío. Debajo de esas faldas, del monte, que es una orillita del centro de Madrid, está la iglesia de La florida, donde está enterrado Goya, subes a la montaña y está otra ermita donde yacen los restos de los asesinados del cuadro de Goya, que quedaron en una fosa común. En la entrada de esa ermita semi olvidada y oculta, hay una placa en la entrada que dice: Aquí yacen los cuarentaitrés heroicos españoles que defendieron a la patria de las fuerzas napoleónicas la noche del dos de mayo. Pero son cuarentaitrés, yo ya traía en la cabeza la idea de escribir sobre los de Ayotzinapa, el cuadro, el número, todo el azar me fue poniendo la obra como tal, ya estaba enfrente de mí, nada más tenía que transcribirla. Esas cosas son fuertes y mágicas.

(Antes del sonido que emite una lata al destaparse, cae el telón. Oscuro, Fin).

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