La línea: historias de los que viajan a contracorriente

 

Carlos Sánchez

Escribo ahora como un acto de gratitud. Porque los he visto bailar. El cuerpo como un remanso para la mirada. La mirada de quienes cohabitan allá, detrás de la barda, esperando condena, cumpliendo sentencia.

Para ellos la gratitud: Dédalo Artes Escénicas, creadores de La Línea, piezas coreográficas (en coautoría con Manuel Ballesteros) que desentrañan la historia de los que viajan a contracorriente. El desierto y sus crueldades. También el shopping. La vida de un migrante dicha de manera inteligente. Con el cuerpo, con la música, con el arte plástico.

La fiesta que se hace grande, la celebración que es un regalo, o muchos. El son cotidiano sugerente de una cumbia. El mejor estilo de quebradita y bailar norteño-electrónico. Es Panóptica Orchestra la agrupación que hace la música. Suena que es incitación permanente.

Dédalo y sus integrantes: Samanta Torres, Ramiro Airola, Zuleima Burruel, Pedro Núñez, Christian Durazo, Yazmín Gutiérrez, Abraham Santaolaya. Y Carolina Ferrá en proyección de imágenes y audio.

Ellos son quienes bailaron allí. En el espacio donde las muchachas construyen cotidianamente su nido, con la ilusión de pronto alzar el vuelo.

En ese espacio donde cabe la capacidad de asombro, donde las miradas indagan y se encuentran a sí mismas. Es decir, encontrar lo que son al través de la propuesta coreográfica.

Lo digo pensando en el comentario, después de la fiesta, que hiciera Lupita. “Siempre he convivido con la línea, con la frontera, con el desierto, y al ver la propuesta de ustedes, todo esto me hace verlo con mayor profundidad”.

Puede ser que al igual que Lupita, en la mayoría de las espectadoras, esta sea la primera vez que observan una coreografía de danza contemporánea. No obstante, como también lo advirtiera Carolina Ferrá, “Como público son receptivas, generosas, excepcionales”. Las más: analíticas.

El arte: evocación de lo que se guarda en lo más recóndito de nuestra existencia. Lo dijo Fabiola: “La escena de los regalos es lo que más me conmovió”.

Fabiola en referencia a esos días de ir a comprar los obsequios de celebración, visitar la ciudad y sus comercios. ¿Adónde iría Fabiola, adónde irían las demás espectadoras, mientras los bailarines entregando su honestidad a través del cuerpo, la música, el arte expuesto en la pared como un escenario fantástico?

Luego los saldos de la creación, el impulso en las chavas, el verbo que cuestiona los por qué, de dónde, cómo. Felicitarse en aplausos a manera de gratitud. El grito desaforado antes de caer la última nota, el colofón del movimiento formando una sonrisa en los bailarines y bailarinas.

Conversación después del baile, claro, porque las preguntas son inevitables. Los abrazos, la solicitud de una foto con Dédalo, para eternizar el momento. El click como un tesoro, saber que un día en la prisión un grupo de muchachos y muchachas vinieron a contar con movimientos que la frontera existe, que la vida contiene una línea, o muchas, tal como esa que, desde el interior, se avizora cada vez más endeble.

Porque ha de llegar el día en que las chavas internas encapsulen en el recuerdo su estadía en la cárcel. Pero siempre en ellas: la danza como un remanso en la memoria.

 

 

 

 

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