mother!, de Darren Aronofsky.

Texto: Bruno Herley

 

Contiene algunos spoilers. Avisado estás.

 

Había unas quince o veinte personas en la sala. En la semioscuridad las pantallas azules de los teléfonos formaban pequeños puntos luminosos en el techo, eran los quince minutos de comerciales que Cinepolis mete antes de iniciar la película. Yo me pasaba de un mordisco a otro en el dogo, sabía que no llegaría con un trozo de pan o salchicha al inicio del largometraje, para eso estaban las palomitas rebozando de sal, podía sentir en los dedos su textura granulada.

 

Inició la peli.

La primera hora de mother! es trepidante, acongojante, te atrapa en ese sin sentido tratando de encontrarle sentido. Las actuaciones de los cuatro actores: Ed Harris, Michael Pfeiffer, Jennifer Lawrence y Javier “El Feito” Bardem , es espectacular, le dan una fluidez a la película que permite al espectador estar a la expectativa, prestar atención a los detalles, caer en el juego de los que no han sido invitados a la fiesta, esos gorrones que provocan problemas en las reuniones familiares, todo ello acompañado de una fotografía sugerente y secuencias en donde Lawrence es la representación de la angustia y la suspicacia, ante un Bardem egoísta recibiendo de manera relajada a visitantes desconocidos para utilizarlos como inspiración de su libro de poemas; Ed Harris es ese tipo que incomoda por las disculpas que ofrece y Pfeiffer una perfecta gorrona sin escrúpulos. Todo conforma una burbuja que nos hace sentir molestos.

Más allá del sentido que trata de darle Aronofsky, la primera parte de la película permite ubicarte cómodamente en cualquier vertiente que ésta presenta, hay una rápida identificación con el manejo de una situación en que cualquiera ha estado: la invasión del espacio personal. A pesar de ello, no escapa a la reminiscencia que llegué a tener de la película El ángel exterminador de Luis Buñuel, en ésta, sin saber el motivo, nadie podía salir de la sala, en mother!, en sentido contrario, entraban sin motivo cierto, y, al igual que la película del español, la sensación de angustia y extrañamiento campeaba de un lado a otro.

La primera hora que nos ofrece Aronofsky es todo un thriller que nos atrapa, pero el problema viene en el segundo acto de la película, algo muy parecido a lo sucedido en Señales, dirigida por Nelliyattu Shyamalan, cuya trama se viene abajo con un final que en nada ayudó al resto, sino lo demeritaba cayendo en el exceso.

Retomando a El ángel exterminador, si Buñuel hacía una crítica balanceada sobre el comportamiento humano, mother! cae en el panfleto al final de la película, desde mi punto de vista, es donde Aronofsky llega al exceso, todo se viene abajo, se hollywoodisa la trama. Lo que empezó como una buena propuesta en el cine, trata de alcanzar las cotas de un blockbuster a base de estridencias, lo mismo hizo con Black Swan, la parte final en que la bailarina se convierte en un gansito Marinela.

Al salir del cine sentí que la película era uno de aquellos fanzines anarquistas que en los años noventa me encontraba en las tocadas. Es lo que yo vi.

 

*Bruno Herley, poeta y narrador. Ha publicado en antologías de poesía y cuento, tiene una novela corta de nombre Dios es sólo un nombre (cómo matar un pájaro con marketing), disponible en Amazon.

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