Cine: Una Lectura de ¡mother!, de Darren Aronofsky

 

Luis Álvarez Beltrán

Cuando Darren Aronofsky leyó Requiem por un Sueño, de Hubert Selby Jr. en sus años universitarios, encontró el tipo de historias que quería narrar. Este neoyorkino descendiente de judíos polacos, genio del celuloide egresado de Harvard, arribó al Hollywood de los noventas por las puertas laterales del movimiento alternativo, el cine de autor, que sus contemporáneos Danny Boyle (Transpotting, The Beach), Paul Thomas Anderson (Boogie Nights, Magnolia), Lars Von Trier (Against the Waves, Dogville) y otros exponentes más, antepusieron o contrastaron al ‘go for It´ noventero del cine comercial que atestaba las salas del mundo con churros de acción y de comedia. Tal vez la gran lección la daba David Lynch patentemente con tres o cuatro obras ya instauradas como una especie de cine noir californiano y por otra parte cierto sector del público y de la crítica ya había reaccionado favorablemente a Quentin Tarantino (Reservoir Dogs, Pulp Fiction) hacia un giro deseable de las historias recicladas. La frase repetida era que Hollywood no podía escribir.

La trayectoria de Darren Aronofsky presenta el sello del cine de culto, sus realizaciones historias son enormes dramas llamados a convertirse en clásicos gracias a la intensidad de sus historias, las apoteósicas actuaciones que implican sus histriones y por tocar con una certeza casi cruel las más sensibles fibras de los sentimientos humanos.

Sin llegar nunca a superar el Requiem por un Sueño, la obra que lo consagró como cineasta, los resultados mixtos de sus siguientes proyectos (La Fuente, El Luchador, El Cisne Negro, y Noé)  lo avalaban entre sus seguidores y alternadamente por la crítica, dejando su carrera a la expectativa de su próximo proyecto: El reto fuerte y especial de construir una película para su esposa, la diva consentida de Hollywood de la última década, Jennifer Lawrence, a la vez talentosa actriz que podía estar a la altura de otras que han sido exigidas por el “exprimidor de mujeres” Aronofsky: Jennifer Connelly, Ellen Burstyn, Rachel Weisz, Natalie Portman, etc… Si cada década surge una nueva supuesta Meryl Streep estadunidense, es Jennifer Lawrence quien carga con ese formidable hándicap en esta ocasión.

Puesta la mesa para la simbiosis del storyteller por excelencia con la musa incondicional e ilimitada, el resultado es esta cinta que remite a lo más hondo de la naturaleza humana, tal vez además también lo más insondable: La mujer y la madre. Hago el distintivo por la primera parte de la trama, que se refiere más bien al rol de la esposa, de la mujer en matrimonio; y no aun de lo  que toma una fuerza central en el segundo medio de la historia: la maternidad.

Si quitamos a Aronofsky del anuncio del inicio de la película, si acometemos la cinta sin ninguna referencia previa, lo que vemos es una comedia negra. Una pareja de esposos, él mayor y escritor, ella joven y bella, enamorada, se refugian en una residencia en el bosque para vivir su amor y para escribir un libro. La primera hora de este cuento no es sino el refrito de esas películas que se filman cada dos o tres años de una bella pareja, un hogar ideal, esta vez sin hijos, que se ve invadido por un extraño que tras de sí trae a más extraños, un ejército de extraños. La situación se exacerba cuando la normalidad tolerable se pierde cuando la dueña de la casa empieza poco a poco a perder los estribos por las incomodidades y molestias que representa no sólo esa invasión a la intimidad por parte de incumbentes sino a la propiedad misma, atentando contra la integridad del nido del amor. La indiferencia del esposo es lo que propicia la zozobra de la mujer/esposa que se ve desplazada por el juicio-laxamente-social y tolerante-consecuente de su esposo que descuida la importancia del lugar especial que la mujer le otorga a su relación y al lugar de esa relación, violentada por la intromisión.

En este punto Aronofsky convence a través de un planteamiento simplista que la fórmula del drama in crescendo ha dado resultado. Pero esta película es toda símbolos. La mujer y la casa. La mujer y el matrimonio. La mujer y el amor. El hombre y su carrera laboral, profesional, su carácter social, sus ocupaciones respecto de los otros: Hombres, lectores, periodistas, fanáticos, el prójimo, el público. La mujer como golondrina al nido y el hombre como un león para la batalla; pero no como un puto para todas las fiestas. Ese el meollo del asunto.

No hace falta mucha dosis de Aronofsky para comprender que la evolución del filme es una sutil colección de símbolos sociales que dramatizados por personajes en concreto (un poeta y una bella esposa enamorada) en realidad crean una dialéctica de todos y de todo. El mundo se vive afuera, en las calles, pero la vida se cifra en los hogares. La familia es el factor determinante en la existencia de todos. La funcionalidad que trata de lograr con mucho esfuerzo la pareja en ciernes se ve destrozada por una persona disfuncional, casado con su disfuncional esposa y complicados ambos por sus disfuncionales hijos.

Lo que parece una situación convencional cobra factura de elementos clásicos. Los clásicos son clásicos por su imperecedera facultad de hablarnos acerca de nosotros mismos. Eso es ¡mother! escrito con minúsculas o con mayúsculas. La segunda parte es exactamente igual: La exacerbación de la tensión entre la diferenciación de roles entre la mujer dadora de vida, cuidadora del hogar, vigía del equilibrio familiar a pesar de los estigmas y las cruces que debe de sufrir, de cargar; en contraste con el ser de mundo, el artista, el profesional, el empresario, el político, el militar, el deportista, el bandido o el maestre que es el hombre y que no tiene tiempo, atención, cabeza para la esposa, la madre de sus hijos, la mujer. Es tan claro, tan fuerte, tan innegable, tan nítido y tan ensordecedor el mensaje como lo es el sufrimiento casi insoportable al que debe llegar la protagonista para salvar el don que representa la razón de todo: El hijo como forma viva del triunfo del amor y de la causa humana, que traerá consigo el triunfo sobre los fantasmas y la vuelta de la razón con el final de toda insana pesadilla. Sin embargo, la consecución del milagro está siempre en veremos.

La cinta es una extensiva metáfora que condujo mi imaginario a dos lugares: Al poema de Abigael Bohórquez  Del oficio de madre (puedes escucharlo al final, gratis) que se explica solo; y a ese razonamiento de la abuela al final de la entrañable novela Donde el corazón te lleve, de la italiana de Trieste Susanna Tamaro, que versa acerca de que  “para la mujer existe el amor. Su vida se centra en el amor. Para el hombre, en cambio, existe la guerra, la política, los negocios, el deporte, la religión, el arte incluso, el trabajo, el estudio, el mundo. Y el amor es sólo una parte de su vida”. Si la reflexión llega tardía o extemporánea, no deja de ser un mensaje útil, claro, preciso, valiente y por alguna razón que no alcanzo a elaborar precisamente, me parece más que nada puntual. Una reflexión perfectamente a tiempo. Lo que la madre sufre en la segunda hora de la película es lo que toda madre puede llegar a sufrir a lo largo de toda su experiencia como madre. Por eso, no es fácil o común que jóvenes de dieciséis, dieciocho, veinte o veintidós años, comprendan o gusten la película. No es fácil o común que gente que no lee literatura, comprenda o guste esta película. Por eso su repudio manifiesto, su intolerancia a esta cinta, su irreprimible y respetado disgusto. Esta película pone a prueba conciencias. La gente no va al cine a eso. No la mayoría.

La secuencia semifinal de la catástrofe es realmente poética, porque es el noticiario del mundo de lo que va del siglo resumido en no más de cinco minutos. Sublime. Si la mujer-esposa-amante y la madre como figuras centrales y preponderantes del tejido social dan para tantos símbolos explicativos a través de los recovecos de una curiosa ficción, Aronosfsky tuvo la claridad del genio para sacarle el mejor jugo a las motivaciones y los signos que conforman la naturaleza más honda de la mujer como compañera del hombre y como exclusivo agente dador de la existencia. Todo lo que se quiera ver más allá, dependerá de cada quien y es completamente válido. Bienvenido.

La película es un llamado, dentro de una cultura en la que muy pocos atienden.

 

https://www.youtube.com/watch?v=ZHmXJVhZRro

 

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