Esas cuestiones de homofobia, misoginia, racismo, a nadie le hacen bien

Foto:Juan Casanova

Carlos Sánchez

Miguel Rodríguez es actor, y director. Visita, junto a sus compañeros, la ciudad de Hermosillo, para presentarse en marco de la Muestra Regional de Teatro. Prohibido sentarse como señorita, es el título de la obra.

La historia del nombre de la compañía, Teatro en el Incendio, oriunda de Tijuana, Baja California, Miguel la describe:

Cuando elegimos el nombre, hace seis años, fue por una cuestión intuitiva, por lo que puede sugerir a esta cuestión de todo lo que está pasando. Hablo desde mi perspectiva, el fuego siempre me ha interesado, creo que el fuego tiene la virtud de destruir o alumbrar, de dar calor, entonces ¿cómo usas ese fuego? Puede ser autodestructivo y puede tener esa lectura de que es lo que está pasando en nuestro país en muchos sentidos, pero si le das la vuelta a ese mismo fuego, puede ser el mismo bien, el camino, la luz, el calor.

Y sobre los motivos para el montaje, expone:

El germen principal es que yo siempre he pensado que no hay una sola manera de hacer las cosas, después, más involucrándolo en este proyecto, empecé a cuestionarme cómo soy hombre, yo, no en lo que me han dicho que soy o se supone que debo ser. Empecé a abordarlo desde ahí, además afortunadamente en otros proyectos que he trabajado con mujeres, que me dirigen o son mis colegas, esta vez lo trabajé desde otro lado, se generó otra energía, otro discurso. Quería saber qué opinaban mis compañeros, cómo lo han vivido, una cierta cantidad de vivencias que a pesar de que seamos como de la misma región, de una edad similar, somos muy diferentes.

En la compañía solemos trabajar los proyectos en laboratorio, elegimos un tema que nos parezca pertinente, que nos esté moviendo en ese momento de nuestras vidas, lo consensamos, hacemos prueba y error y ahí se va develando el material, es una mezcla entre el discurso de lo que queremos decir, del contexto que está en la vida, y las herramientas del teatro, del performance, todo fusionado de manera que es una creación diferente.

–¿Este montaje te resuelve de manera interior algunas cosas?

–Creo que me resuelve algunas cosas. De entrada, encuentro un eco con otros seres humanos, primeramente, con mis compañeros de escena, en este trabajo colectivo, y ahora que ya hemos tenido varias presentaciones, sin duda encuentro ese eco con los espectadores, con muchos de ellos, con esas personas que al final se acercan y comentan algo, o simplemente sin necesidad de palabras se ve cómo están experimentando el suceso que está aconteciendo en escena.

Eso, por un lado, el eco inmediato. Y claro que al estar dirigiendo una obra hay un proceso también intelectual en el que te tienes que cuestionar a ti mismo, no puedes engañarte a ti mismo. Creo que todavía, sin duda, quiero seguir en esa búsqueda de ver qué más hay. Por momentos me genera paz y por momentos me genera todo lo contrario, creo que sigo en la búsqueda todavía, pero esto llegó en el momento en que tenía que llegar a mi vida.

–¿Qué tendría que ocurrir para que dejáramos de ser educados como nos educan?

–Son cuestiones, aunque suenen a clisé, de empatía. Creo que hay que cuestionarnos sobre cómo se siente el otro, cómo es eso que él está viviendo y de verdad intentar sentirlo en uno mismo, como en esta cuestión que te comentaba en el inicio, no podemos vivir de una sola manera, creo que la sociedad tiene la necesidad de ponernos en cajitas, quizá para funcionar de manera práctica, pero eso a muchas personas no les ayuda en nada, les acota, en todo caso, eso es lamentable, deberíamos ser auténticos y considerados.

–¿La idiosincrasia de las personas es dependiendo de la región en que se viva, hay más apertura en la frontera, donde tú radicas que es Tijuana, por ejemplo?

–Creo que sí, creo que la frontera permite que haya personas con más conceptos, más ideas, más permisivas, afortunadamente, o más que permisivas, más incluyentes.

Tengo muchas ganas de presentarme en Hermosillo, la función es hoy a las siete, estoy entusiasmado por la pertinencia del tema, quizá me equivoco, pero mi apreciación personal es que en esta región todavía hay problemas de homofobia, de misoginia, todo lo que es apartar, dividir, y hay que detenernos a ver por qué, porque si en otras regiones de nuestro país se está pudiendo ser más inclusivo, pues debe ser así, más que tolerante, se debe entender y aceptar de una manera natural: todo.

Creo que hay problemas y hay que decirlo, verlo, pensarlo, que esas cuestiones de homofobia, misoginia, racismo, a nadie le hacen bien.

–¿El teatro en tu vida es una vía para desarrollar un compromiso social y contribuir a la misma sociedad?

–Espero que sí, creo que sí, precisamente por eso trabajo de esta manera con mi compañía de Teatro en el Incendio, es algo que siempre nos ha interesado y siempre nos cuestionamos por qué estamos haciendo esto, para qué, siempre eso es lo principal, el qué nos mueve, de hecho siempre, siempre, a pesar de que llevamos seis años juntos, antes de cada función nos recordamos los unos a los otros para no dejarnos que nadie se salga de la raya del por qué lo estamos haciendo, porque de repente está toda esta cuestión de estar en este festival, que también es importante porque accedemos a otro público, a otra región. Lo importante es recordarnos que esta es una labor en equipo y debe tener una pertinencia social.

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