Somos el resultado de los que están antes de nosotros: los dolores se heredan

 

Carlos Sánchez

El teatro como una introspección de lo que se es. Decir la vida desde el ombligo de uno mismo. Universalizar la mirada, los acontecimientos, las obsesiones, la herencia que nos marca los rumbos a seguir.

Teresa Díaz del Guante explora en las tablas, dramaturgia, escenario, los dolores y alegrías. La analogía del mar cabe de manera perfecta en sus conclusiones.

Mi abuelo (La Terca teatro) se llama el trabajo unipersonal que presenta en contexto de la Muestra Regional de Teatro, que ocurre en Hermosillo. De su contenido y los motivos de esta puesta es la conversación. Pásele:

–Teresa, ¿cómo es que el teatro toca a las puertas de tu vida?

–En mi infancia tuve contacto con el arte, pero solamente con la danza y la música. Fue en la universidad, cuando entré a estudiar administración de empresas. Justo en los primeros días de clases que ofrecen talleres de teatro, alguien por ahí opina y me dice: Eres bien gestosa, deberías inscribirte. Me inscribí en los talleres de teatro, y desde entonces ya no lo solté, esto en el lugar donde nací: Mazatlán.

–Al paso del tiempo ¿cuáles han sido tus influencias?

–Cuando estaba todavía en Mazatlán, el teatro que hacía era amateur, es muy diferente el teatro que se hace en Culiacán, hay otro nivel, pero cuando el TATUAS iba a Mazatlán a dar función, era toda una sorpresa, y en Sinaloa es referencia obligada hablar de Óscar Liera, y Óscar Liera va junto con la historia del TATUAS.

Tuve la fortuna de ver en el Teatro Ángela Peralta, Los negros pájaros del adiós, de Óscar Liera, de las últimas obras que se dirigió por el TATUAS, se me hizo muy impresionante, un texto que habla de Mazatlán, para mí fue muy fuerte porque justo la obra describe una calle donde a las seis de la tarde vuelan los pájaros que vienen del mar y anidan en las palmeras de esa calle. Esta fue una imagen que difícilmente saqué de mi cabeza porque ¿cómo este hombre, que no es de Mazatlán, tiene el poder para decir algo que nosotros toda la vida vemos y quizá ya lo pasamos por hecho?

Al tiempo me tocó ver un trabajo que me impresionó mucho: Las chicas del tres y media floppies, y era dirección de Fito (Rodolfo Arriaga) y venía una chava, increíble actriz, Itzel Navidad, se me hizo un trabajo impresionante.

Cuando convocan a la licenciatura en artes en Culiacán, yo no lo pienso dos veces, en ese momento en que yo estaba en Mazatlán, el teatro de Culiacán tenía mucha fuerza, iban mucho para Mazatlán, y era mi referencia obligada, por eso me fui a Culiacán, pensando en todo eso. Sí puedo hablar de Óscar Liera, pero en mi caso tendría que hablar de Fito, porque es mi referencia.

–¿Qué es lo que detona para que construyas el montaje Mi abuelo?

–El artista es artista porque tiene necesidad de decir algo. Puedes hablar del mundo entero, pero siempre lo vas a hablar desde ti, es algo que me queda claro; encaras el mundo y lo que no te gusta, desde ti.

Entré en un periodo creativo, de cinco años a la fecha, donde empecé a explorar mis mundos y mis asuntos pendientes, para de ahí entender el mundo. Cuando estaba adolescente, muchos de los abuelos de mis amigos empezaron a fallecer, por causas naturales. Un día llegué a la casa y pregunté por qué no tengo abuelos. Mi mamá me dijo: Es que tu abuelo fue de cacería, traía el rifle en la mano, no aguantó el peso de las botas, le dio un infarto y se murió. Yo tenía trece años cuando mi mamá me lo contó, fue una imagen que ya nunca me la quité.

A partir de ahí empecé a escribir, con el tiempo empecé a tener la curiosidad de mi árbol genealógico, me di cuenta que había poca información. Cuando llegaron las redes sociales me di a la tarea de buscar el apellido Díaz del Guante, que no es muy común, me topé con una persona que vive en San Diego, California, por azares del destino me di cuenta que es medio hermano de mis abuelas, empecé a construir y a tener datos y una ruta de la familia, cuando tuve la información suficiente empecé a construir Mi abuelo, una pieza personal, biodrama, abordada desde mi historia, pero en términos de creación, de ficción, lo que hago es que ciño cosas que vivió mi mamá, lo que viví o escuché, las ciño como si todo me pasara a mí.

–¿Qué experimentas antes de tercera llamada?

–Justo hoy le decía a una de mis asistentes, siento que se me está yendo el texto. Siempre que voy a entrar a escena, tengo la sensación de que se me olvidó todo. Siempre tengo esa sensación. No tengo una carrera larga, pero en un principio era algo que me ponía mal y corría y buscaba el texto y me lo quería aprender en cinco minutos, con el tiempo me di cuenta que era parte de un proceso en donde el cuerpo sabe y la mente se conecta de manera inconsciente porque ya vamos a entrar a escena.

–¿Cuál es el punto de quiebre en este montaje?

–El entender que somos el resultado de los que están antes de nosotros, y que los dolores se heredan. Cuando se habla del exilio, de todo lo que viene después, de lo que sufrió mi mamá al no tener familia, eso lo heredé, no tengo tías, y descubrir que también padecía todos eso, en modo diluido, a nivel personal, ha sido muy fuerte. En escena, por ejemplo, cuando abordo el momento en que mi abuelo muere y mi mamá tenía doce años en ese momento, pero es hasta los veintiséis, que al ir saliendo de su casa, una mujer se desvanece, mi mamá la cacha y la mujer muere en los brazos de ella, entonces a mi mamá le cae el veinte, en ese momento, de que su papá murió.

–¿Cuáles son los significados del mar en tu vida?

–En mi familia todos llegaron a México por mar, todos vivieron en puerto, el mar para mí es tan grande como el dolor y la alegría. En mi vida ubico el dolor y la alegría en el mismo nivel, y creo que el mar es así.

 

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