Un escritor olvidó traer su máscara de Super Muñeco

 

 

Carlos Sánchez

Justo allí. Donde la palabra es convocatoria, donde la creación es júbilo. En el callejón literario, en la Feria del Libro Hermosillo 2017 (FELIH). En el espacio óptimo para encausar a los niños hacia la lectura.

Omar Gámez Navo desenfunda su ingenio, extrae desde la literatura las más infantiles historias escritas en verso. También en prosa. Compartir el contenido de su más reciente publicación: Gladiola. Olvidé mi máscara de super muñeco, es el objetivo.

Al Navo lo acompaña en el escenario el cantautor Javier Cinco. Y como espectadores un buen número de niños quienes abrieron la puerta del aula, salieron a la plaza, para ingresar a la aventura de los libros.

La lectura desde su voz, es inminente. A Omar se le da eso de contar historias. Y hoy experimenta un nuevo discurso, con la mira puesta en otros públicos: niños lectores, los cuales, a decir del propio escritor, son los más incomplacientes lectores.

El Navo fluye, explica el curso de creación del libro, en el ensayo con niños a quienes en una biblioteca les leía cuentos. Luego improvisa, señala a uno de los espectadores y dice a los niños que el espectador ese es un luchador al que llaman cocoliso.

Así la mañana, con niños que escuchan y celebran. Aplauden también la canción que Javier Cinco interpreta y en la cual una gata necia maulla y gruñe.

Al Navo se le olvidó traer su máscara de Super Muñeco. Lee y cuenta: “Legué a la escuela echando carreras con el señor que vende naranjas con chile. Casi me gana, de no haber sido porque traigo mi peinado turbo que mejora mi velocidad.

“Cuando está nublado siempre gano: a las carreras, a las canicas, sonrisas y miradas de Gladiola: la niña que cuando me habla parece juntar en un solo día el verano, navidad y el día del niño…”

Mientras el Navo lee a un niño le escurre por los labios el sabor a vainilla de un helado. Ni se inmuta, su mirada está en las palabras del escritor, su imaginación abarca los sitos que el narrador sugiere. De pronto la risa es un reloj despertador en el niño, quien da una respuesta al Navo que ahora pregunta si alguien de la concurrencia sabe a qué sabe el pan de huevo.

Así la mañana, con palabras que desencadenan en aventuras, emociones. Una canción y otra más, el aderezo ideal para la presentación de un libro que despierta y anda la vida en búsqueda de cómplices.

Ya el Navo, en corto, dice que pronto vendrán otros títulos, otras búsquedas, con la mira puesta, obviamente en los niños, esas personitas-personotas que hacen que esto de vivir valga la pena.

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