La creación sin la soledad es imposible

Beatriz Rusek en el taller Drama Trama

 

Carlos Sánchez

Beatriz Rusek está sorprendida. Parecería que no le cabe la admiración en la mirada, en la mente. Se le desborda. Porque le tocó ser testigo de las primeras intervenciones a la casa que ahora visita para enseñar la construcción de vestuarios. Su oficio es precisamente vestuarista, además de ser actriz.

Andamios Teatro es el espacio en el cual Beatriz desarrolla su taller Drama Trama: Diseño de vestuario, en contexto de Las Lunas de Urano: Shakespeare en el Desierto. En Sufragio Efectivo, la calle, en el vientre del centro histórico de la ciudad.

Conversar es la premisa, para conocer y compartir desde las palabras, regiones del bagaje, los indicios de la pasión. Beatriz habla y es un rictus constante de paz. Como si la armonía la pusiera sobre la mesa, o lo que es más correcto, tácita afabilidad en su manera de andar y decir.

–Beatriz, eres actriz, artista plástica, pero, ¿cómo es que eliges la carrera de vestuarista?

–Desde muy chica hice diseño de ropa en el internado, pero en realidad ¿cómo empiezo? Regreso a Torreón que es mi tierra, Coahuila, y me invitan a que entre al grupo de teatro para que les diseñe los vestuarios, pero en realidad allí yo no sabía qué era, esto que cuento de los vestuarios del internado eran cosas inventadas por mí, y yo tenía catorce años. En Torreón estaba un director de teatro que es Rogelio Luévano, que fue mi compañero, es padre de mis hijos, y la verdad es que con él empecé a hacer teatro ya profesionalmente.

–Cuéntame sobre ese tiempo del internado.

–Me encantó estar interna porque tenía mucho tiempo para leer y sobre todo que eran maestras-monjas muy inteligentes las que tuve, todas de entre treinta o cuarenta años de edad, que habían estudiado teología, filosofía, tuve el gran privilegio de estar en ese internado de las Monjas del Sagrado Corazón que era el equivalente a los Jesuitas, gente muy preparada, aprendí muchísimo, sobre todo aprendí a estar sola, eso ha sido muy importante, porque la creación sin la soledad es imposible.

 

Un vestuario tan fantástico que tenía vida propia

 

–Beatriz, por favor extrae de la memoria ese vestuario de tu autoría que te gustó mucho.

–Me ha tocado hacer tres veces Mujeres sabías, y en dos de los vestuarios que hice, el primero y el último, son los vestuarios que más me han satisfecho en el aspecto de la creatividad, de poder explotar mi imaginación como lo suelo hacer. El primero fue en Torreón, y el que hacía las escenografías era un pintor amigo nuestro, precisamente él me pidió que me metiera al taller de teatro para que les ayudara. La puesta de Mujeres sabías fue en tono de farsa, el director quería que cuando las actrices mintieran, se les vieran hasta los calzones, entonces hice un vestuario en pellón, tela plástica como con fibra de vidrio (no sé exactamente de qué es), hicimos un recorte como papel picado, de todas las faldas, con dibujos barrocos, todo lo pintamos con bombas de fleet y con aquellos polvos que había antes, dorados, y realmente era un vestuario tan fantástico que tenía vida propia, porque claro, todos esos metales con los que pintamos, a la hora en la que sudaban los actores, empezaban a enmohecerse, a ponerse verdes, y la gente subía al escenario para ver las telas y se quedaban heladas al ver que era puro pellón y por ejemplo los moños, todas las cosas de adornos, eran de hule espuma, lo único que era de tela era los talles, de manta.

Ese vestuario fue muy lindo, además le dieron premios. Yo actuaba allí, hacía la Tía Belisa, fuimos a festivales de teatro, en Aguascalientes, recuerdo, nos ganábamos algunos premios y por el vestuario, igual.

Después hice otro vestuario más realista, que lo dirigió un chico de Torreón, que yo ya ni vi la puesta en escena porque era para el Tecnológico de Monterrey y para lo cual realmente escogí terciopelos, listones antiguos. Pero cuando llego a México a vivir, me vuelven a invitar a hacer Mujeres sabías, una puesta en escena que fue famosa por el vestuario, y de la cual hicieron mil quinientas funciones. Y es un vestuario que Pepe Caballero dirigió, junto con Lorena Maza, y era la generación que hoy es muy famosa, de Lumi Cavazos, Arcelia Ramírez, era la salida del CUT, y también fuimos a dar a Aguascalientes, no sé por qué. Pero finalmente Pepe me dijo: vamos a hacer una adaptación muy mexicanizada, pero sí la quiero de época. Lo que decidí fue inspirarme en el barroco mexicano y estuve trabajando mucho en encontrar en la marquetería, en los ilustradores del siglo XVI que son una maravilla, el vestido de la Tía Belisa está inspirado en alguna de esas ilustraciones. Para mí en el teatro, entre menos realista sea el vestuario, es mejor.

 

Siempre dije estar en contra de la moda

 

–¿Qué significa para ti enseñar?

—-Nunca pensé que podía enseñar, no soy pedagoga, ni fui a la escuela ni de diseño, ni de teatro, ni de nada, soy autodidacta. Siempre temí hacerlo y no me interesaba porque yo estaba en pleno desarrollo de mi trabajo, porque a la par que hacía teatro, cuando me fui a Tepoztlán a vivir, allí tuve una historia muy linda con unas mujeres madres, en la que hicimos una pequeña casa de la cultura para que nuestros hijos y los niños tepoztecos tuvieran algo de arte, pero Bellas Artes me quitó esa casa, dijeron que no querían una casa de cultura pobre, que me dedicara al teatro, que me olvidara de eso, y las mamás de esos niños me fueron a pedir trabajo, lo único que sabían hacer era la punta de la servilleta que es el crochet, con eso desarrollé un concepto de ropa muy fina, usando textiles mexicanos, rescatando las puntadas, los repulgados, los plegados, todo lo que se hacía a mano en México. Desde que estuve Tepoztlán, adonde llegué en 1978, inicié en taller más o menos en el 80, cuando nos quitaron la casita de cultura, hice menos teatro, porque tenía mucha responsabilidad con todas las artesanas, tuvimos muchos desfiles, en esa época no existía el concepto de la ropa étnica, y quienes han escrito sobre mí han mencionado que yo fui la pionera de esto. Entonces fue muy fuerte porque en esos tiempos no tenías que andarte promoviendo, y no existía Faceebok, a mí me invitaban a representar a mi país en diferentes eventos internacionales, ahí me di cuenta que el teatro me había servido para hacer vestuarios sui géneris, que no fuera nada más pasarela. En el primer desfile que hice en mi vida presenté treinta vestidos.

Este es el segundo taller que doy, de vestuario, me interesa seguir porque todo ese bagaje, experiencia, uno tiene que compartirla, y porque amo la literatura, amo el teatro, no yo no podría estar en la moda, nunca estuve, siempre dije estar en contra de la moda, porque la moda se deshecha. En estos talleres que doy me satisface el poder heredar el bien hacer, el coser, poder hacer las cosas con respeto.

 

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